126 años de Cerrito

Al llegar los primeros colonos, los terrenos de la colonia estaban ocupados por pobladores criollos, cuyas poblaciones se encontraban generalmente en las orillas de los arroyos, por las cercanías de las aguadas necesarias para el uso doméstico, eran contados los establecimientos, que contaban con un pozo de balde. Cada poblador tenía su tropilla de caballos con su yegua madrina, su tropita de vacas entre ellas algunas lecheras, algunos una majadita de ovejas, otros una tropa de bueyes, que ocupaban para el acarreo de maderas, carbón, huevos y frutos al puerto o a la ciudad, como de cierto modo estos campos estaban baldíos, cualquiera hacía su rancho sin necesitar permiso alguno, cuidaba sus animales, uno u otro tenía una quintita o chacrita, cercada de ramas, donde sembraban un poco de maíz para choclo, plantaban batatas y plantas de tallo, según su expresión, es decir, melones, sandías y zapallo, no faltaban tampoco, quienes más animosos, sembraban un poco de trigo anchuelo, para proveerse de lo necesario para sus platos favoritos: locro y mazamorra. 

Cuando en el año1881 “La Colonizadora Argentina” compró el campo “El Cerrito”, inmediatamente dio orden de desalojo a los ocupantes del campo, pero este desalojo no tuvo lugar hasta fines del año 1882, cuando ya los primeros colonos tenían maizales sembrados.
Los pobladores, que estaban en condiciones pecuniarias para ello, adquirieron de la sociedad fracciones de campo de diferentes superficies, según el poder adquirente de cada uno, los demás situados en el distrito Antonio Tomás, recuerdo entre ellos, los señores Juan Gregorio y Fernando Martínez, José María y Florencio Sanabria, Francisco González, Manuel Moreno, Cipriano Roldán, Florencio Velásquez, Juan P. Falcón, Eulogio Altamirano, Paula P. de Martínez y otros, el señor Manuel Aquino compró un lote en María Grande II.
Algunos pobladores, que no pudieron comprar terrenos, fueron a vivir a los Campos de la Curtiembre, que quedó baldío por varios años todavía.
La población criolla que existía en estos lugares eran gentes de carácter bondadoso, generoso y muy servicial”, así describía Federico Schroeder en su libro CINCUENTENARIO 1882 – 1932, aquellos momentos en que los inmigrantes comenzaban a poblar la zona.
El contexto mundial llevó a la Argentina no solo a ser el productor y exportador de materia prima para muchos países, sino que también fue la tierra prometida para el trabajo y nuevo techo para muchos extranjeros que vivían sus días en diversos conflictos políticos, económicos y sociales en sus lugares de origen.
Estos campos denominados “El Cerrito” pertenecieron primeramente a don Juan de Garay que con su muerte en 1638 lo heredan su viuda e hijos. Pasó por varios dueños hasta que en 1881 La Colonizadora Argentina logra su propiedad.
Con la venta de los lotes, empieza a forjarse Colonia Cerrito con fundación en marzo de 1882, para pasar recién en 1887 con el pedido de Sixto de Perini y Antonio Angelini al gobernador de la provincia Clemente Basavilbaso, la necesidad de fundar Pueblo Gobernador Racedo”. La traza original cuenta con 64 manzanas de las cuales cuatro lotes de terrenos se donarían para la iglesia, escuela, municipalidad y policía. El 28 de abril del mismo año, el gobernador autorizó la fundación del pueblo.
Inmigrantes alemanes, españoles, italianos, eslovenos, rusos, austriacos, árabes, llegaron en el vapor Golondrina a Puerto Curtiembre con sueños de una vida mejor. Los montes cubrían toda la región y debieron a fuerza de sangre, palas y extensas horas de trabajo, comenzar a levantar vuelo.
Así narraron la historia los dos escritores de la historia local don Federico Schroeder allá por 1932 y doña Rosa Troncosso de Furlán en sus ediciones de 1987 y la nueva publicación que será brindada al publico este domingo 29 de abril, en el marco de los festejos aniversario.
“En esta obra he intentado aunar una visión totalizante, las facetas más diversas que hacen a la vida de la comunidad cerritense, de la colonia y de sus pueblos, haciendo también, desfilar algunos hechos cotidianos en los que latió el alma de los pobladores. Este trabajo es perfectible, soy consciente de ello. Sé que hay omisiones y lagunas pero he reiniciado un derrotero, comenzado hace más de sesenta años por mi tío abuelo Federico Pablo Schroeder”, manifiesta la autora en su prólogo.
Y agrega “he reabierto un camino que hay que continuar… pienso que quien conozca las dificultades que implica elaborar un trabajo de esta índole sabrá comprender que eso a veces es inevitable. Después de veintiún años he retomado la tarea para concretar esta segunda edición revisada y actualizada”.
En alusión a la memoria expresó “el pasado de Cerrito no debe quedar en la penumbra del recuerdo, debe brillar por lo que significó para el presente, los abuelos criollos o inmigrantes descansan, están en ese recuerdo y en nuestra nostalgia están con Dios…El Cerrito del presente está con vida e ilusiones, lleno de esperanzas, sin olvidar las angustias de los primeros tiempos, los abuelos supieron con su fe, trabajo y entusiasmo construir sobre esas bases, una comunidad, un pueblo noble con la mano tendida y el corazón generoso, que abrió sus puertas para contar su pasado y su presente porque ambos se concatenan, se entrelazan… hagan silencio y escuchen las voces antiguas, miren la tierra, el lugar…”.

Para quienes aún lo recuerdan, en el marco delos festejos por el Centenario de la Colonia Cerrito en 1982, en plaza Las Colonias se realizó una demostración del arte culinario de los inmigrantes según su origen, además del acto protocolar y un gran almuerzo en el complejo polideportivo. Fue el momento donde se presentó por primera vez el cuadro alusivo “Rapsodia del Inmigrante” con la presencia de Roberto Romani y la actuación de jóvenes y adultos de la localidad, bajo la dirección de la Prof. Inés Zaragoza.
Del mismo modo en abril de 1987, en celebración de los 100 años de pueblo Cerrito, la comunidad se abocó a la organización de diversas actividades contando con la presencia de autoridades locales y provinciales.
“Durante varios días se realizaron distintas actividades culturales; bailes típicos con academias de las diferentes colectividades, italianos, alemanes, árabes, españoles, entre otras, homenajeando a nuestros abuelos inmigrantes.
También se realizó una obra de teatro que escribió el doctor Gaspar Carlino, que llevaba por nombre “Ya tiene curandera el pueblo”, en la cual participaron: la Sra. Maruca de Salinas, Julia Gómez de Barzola con sus hijos, Mirta de Morales, Carmen Lovera, Mercedes Bravo, Víctor Carlino, Miguel Bertuni, Graciela Machado, Julia Gómez y Marcelina Cabaña (al mes siguiente se repitió en el anfiteatro a pedido del público) y la última noche de festejo, se culminó con un gran pericón con hijos y nietos de inmigrantes de nuestro pueblo y zonas aledañas que fue preparado por la Sra Graciela de Varón y Raúl Martínez”, recuerda Carmen Lovera, quien gentilmente acercó sus fotografías.

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