Hoy se celebra un nuevo aniversario de Puerto Curtiembre

Este Martes 1° de Octubre de 2013, se conmemora el 143° Aniversario de Puerto Curtiembre. La fecha estatuida por Decreto Provincial N°3615 del 29/11/2010, reconoce como fecha fundacional el 1° de Octubre de 1870, haciendo coincidir el año en que se evidencia el primer asentamiento poblacional por generación espontánea, con el día y mes de nacimiento de José María Monzón (Padre), uno de sus más ilustres pobladores, propietario del primer Almacén de Acopio y Ramos Generales situado en la esquina sureste de Córdoba y Maipú, y de la primera Curtiembre Industrial situada en la esquina noroeste de Paraná y Maipú. Seguramente en este día, muchos Curtiembreros que vagan distintos derroteros a lo largo y ancho del país, recordarán cientos de anécdotas de su juventud y los históricos momentos de un pueblo que en su época de esplendor llegó a ser uno de los más importantes puertos cerealeros del litoral fluvial paranaense. Tiempo ha, escribí para Diario Brújula de Cerrito, una nota que titulara “Entre Escombros y Recuerdos”, sobre uno de los hechos más trascendentes del pasado lugareño: la instalación del Puerto Flotante. La trascribo en este espacio con el prefacio de la prosa de Baldomero Fernández Moreno: “…el Crepúsculo ha aumentado / y el humo ya es un penacho. / El navío es solo un cacho/ que se esfuma, que se va. / Yo también me marcho ya / y era apenas un muchacho….”
Durante cincuenta años, lo que es decir desde los orígenes mismos de su historia, los pobladores esperaron en vano una respuesta oficial a sus reclamos. Cuando se resignaban a la realidad del olvido como fatalidad inevitable, todo cambió para bien un primer día del mes de Octubre de 1919. El Capitán del Vapor Guaraní de la Empresa Mihanovich, era portador de un sobre lacrado para el Alcalde Inocencio Almada, conteniendo una copia de la flamante ley 10.927 que disponía la construcción de Embarcaderos Flotantes en el litoral fluvial paranaense, uno de ellos en Puerto Curtiembre. El enojo de sentirse relegados al tercer lugar de prioridades, se disipó cuando a fines de Febrero de 1920, el Vapor Lambaré de la misma empresa, anoticiaba el inicio de la construcción del “Embarcadero Curtiembre” en Isla Demarchi, y que dispuestos estaban los materiales en el Ministerio de Obras Públicas para el acceso y coronamiento en puerto. Sin embargo, la acción del hombre y la naturaleza habrían de tener en vilo a la población por más de un año. Una huelga general de trabajadores portuarios y embarcados, junto a la fenomenal creciente que llevó el nivel del río dos metros arriba de la calle Buenos Aires, impidieron el acopio del material e inicio de obras fijas allende al lugar de anclaje. Las cosas volvieron a la normalidad en Mayo de 1921, cuando se hizo presente el personal del MOP a las órdenes del Ingeniero Torcuato Zanni. Retornaron entonces las sonrisas de quienes día a día presenciaron el embrozado de calle Maipú, el desembarco de adoquines de la calle Chacabuco, las vías férreas para las vagonetas de carga, y los cargamentos de piedras para el murallón de ribera, en medio del afanoso trajín de obreros con la llamativa Planchada-Puente por la que se accedería al futuro embarcadero. La algarabía se desató una soleada tarde de fines de Setiembre, cuando por el suroeste tras la Isla Papillón, vieron aparecer el Remolcador del MOP tirando a popa ese paralepípedo que semejaba una inmensa “casa flotante”. El júbilo desbordó a los concurrentes desde el amanecer hasta el ocaso, el día de su inauguración oficial un 5 de Octubre de 1922, mojón imborrable en la historia de este sufrido pueblo ribereño. Se comió, cantó y bailó mientras las velas y faroles estuvieron encendidos entre jarcias y toletes. Y acallados los ecos de la música y el canto, muchos no pudieron conciliar el sueño aquella noche de ese día inolvidable. Una y otra vez el Flotante enguirnaldado de babor a estribor, de proa a popa, atraía como imán irresistible las miradas. Y desde entonces fueron vívidos un montón de sueños. Allí tenían, al fin, un puerto de trajín diario e ineludible estancia en feriados y fines de semana. Un lugar de encuentro y despedidas; de entrelazadas manos y miradas furtivas. Del primer amor, el eterno amor, el amor fugaz y la triste despedida. Nadie imaginaba que el progreso y la materia, se agazapan con sus rieles y el camino a la vuelta de la esquina, prestos a dar el zarpazo al bello tiempo cincuenteno. Y en esa finitud que tienen las cosas de la vida y la alegría, un aciago día cualquiera del año mil novecientos setenta, el frío puño del burócrata escribió un adiós para el Flotante Embarcadero, tendiendo su cordaje aguas arriba hacia las norteñas costas correntinas. Mudos rostros impávidos de asombro, vieron irse tras un recodo del río… de la nao solo un cacho en un penacho. Estos hombres, ayer muchachos, se renuevan en recuerdos. Dicen hoy,…….que cuando bajan hacia el río, los acompañan sombras de figuras acechantes,…. que los llaman…. ¡por sus nombres!. Dicen…, que en atardeceres de marchitas soledades,…….se oye rumor de voces donde estaba la Planchada. Tal vez…. ¿quién lo sabe?, que transitan su pasado por la vieja Chacabuco. Por esa calle de la foto en blanco y negro, rescatada en el recuerdo que la paz de los escombros niega: solitaria….extendiéndose infinita hacia un cielo de quimeras.

Por Horacio Blanc

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