Carina Jacob: «No nos dedicábamos a secuestrar abuelos»

Brujula
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Tras el cierre del geriátrico San Marcos en Paraná, su propietaria Carina Jacob oriunda de Cerrito, brindó su versión de los hechos que llevaron a la clausura del hogar y de las acusaciones de familiares por la supuesta desaparición de adultos mayores.carina

«Un día antes de que clausuraran el San Marcos, nosotros ya habíamos terminado de evacuar a los abuelos. Yo presenté documentación para cerrar el funcionamiento como geriátrico», afirmó la propietaria del alojamiento para abuelos.
«Es la primera vez desde que nos clausuraron que salgo a dar explicaciones públicamente y no te digo que sea algo que me agrade en estas circunstancias. No me han dado muchas opciones para dar mi versión de los hechos y, por otra parte, me siento acompañada por familiares de abuelos que estaban con nosotros en el geriátrico y que me llaman a diario para decir que me salga a defender de las barbaridades que se están diciendo», comenzó Carina Jacob, la dueña del geriátrico San Marcos, que fue clausurado.
«Hasta poco antes de la clausura, la situación y la vida del geriátrico San Marcos era normal, estábamos todos felices y contentos, no nos dedicábamos a secuestrar abuelos», dijo en tono irónico.
El lugar fue clausurado el lunes 19 de septiembre por las autoridades municipales y del Ministerio de Salud de la provincia de Entre Ríos. Según Víctor Berta, abogado de la oficina de Asuntos Penales del Ministerio de Salud de Entre Ríos, el geriátrico -ubicado en calle Ruiz Moreno 1.124 frente a la terminal de ómnibus de Paraná- presentaba serias irregularidades que ameritaban su inmediata clausura.
La entrevistada detalló que «el 2 de julio llegó hasta el San Marcos una de las tantas inspecciones de la Municipalidad de Paraná y me labraron un acta porque tenía abuelos ubicados en la planta alta del edificio, ahí me doy cuenta que la habilitación me permitía solamente ubicarlos en planta baja y, repito, ¡estaba habilitada!, para desmentir a quienes mencionan que no teníamos habilitación para funcionar», expresó.
«En planta alta tenían alojamiento los abuelos autoválidos, autointernados, algunos de los cuales contaban con candados en las puertas, pero quedó claramente en evidencia que esos candados estaban ubicados por fuera, para cuando los abuelos no estuvieran en sus habitaciones pudieran cerrarlas, ya que adentro quedaban sus pertenencias. No era para mantenerlos encerrados ni secuestrados, tipo mazmorra, era para seguridad de las cosas de ellos, eran abuelos que entraban y salían del geriátrico a gusto, lo que yo no sé es si se podía permitir o no, pero ellos estaban felices», afirmó.
Luego del allanamiento y de la intervención del Ministerio de Salud se escucharon voces de familiares de personas que habrían estado internadas en el geriátrico San Marcos, reclamando incluso por saber dónde están. ¿Hubo denuncias previas o familiares que se quejaran por la forma en la que estaban viviendo?, se le consultó a la propietaria del lugar.
«Algunos de los abuelos que estaban autointernados no tenían familia o no querían saber nada con la familia. Excepto una sola abuela, a la cual el propio hijo me solicitó que le colocara un candado porque temía que a su madre le sacaran las pertenencias», señaló.o_1474710000

Carina Jacob no niega que existan situaciones muy tristes, en las cuales los familiares se desligan de los abuelos, so pretexto de que no tienen tiempo para atenderlos.
«Pasan, pasan estas cosas y mucho. Son más los abuelos que no reciben visitas que aquellos cuya familia está pendiente de ellos», dijo.
Frente a esto y al planteársele que el Estado, tanto municipal como provincial, debe velar por la seguridad de los ancianos, están obligados a controlar, e incluso se habla de ancianos que aún no se sabe dónde están, Jacob respondió: «Una señora Mabel se quejó porque no encontraba a Marta, su mamá. Marta se fue del geriátrico con Irene, que es la que figuraba como responsable de esta mujer. Esta señora Marta tiene 10 hijos y yo me comuniqué en todos los casos con quienes figuraban como responsables, con quien internó a ese anciano. No puedo llamar uno por uno a todos los hijos, primos y hermanos».

Controles
«Me parece fantástico que los organismos tengan que velar por los ancianos. Pero quisiera que se sepa que lo que me reclamaba la municipalidad desde julio, y por lo que me labraron actas, fue por tener abuelos alojados en una planta alta, también por tener descascarada la pintura del techo de la cocina, cosa que se reparó en cuatro días y porque detectaron que los taper que estaban en la heladera con los alimentos no contaban con sus tapas y un par de cositas más».
«Hace dos meses, estos eran todos los problemas, constatados por gente que deambulaba controlando por todos lados. Dos meses después, somos el geriátrico del horror, donde lo único que les faltó decir es que se podía sospechar que hiciéramos empanadas con los abuelos», volvió a ironizar.

Descargo
«En dos semanas se precipitó todo. Municipalidad, a través del Juzgado de Faltas le manda oficio a Salud Pública, y me emplazan y me inspeccionan nuevamente. Me mencionan cosas como que el sistema de timbre no era el apropiado, que las áreas circundantes no se acogían a las normas, que los abuelos vestían ropas viejas y me mencionan que van a clausurar. Considerando que eran todas cosas solucionables, hago un descargo pidiendo que me asesoren en lo que estaba haciendo mal, antes de castigarme con una clausura».
«Cuando llegó el día de la clausura, las copias del acta andaban de mano en mano de los medios, pero cuando yo quise hacerme de una copia la tuve que solicitar por mesa de entrada y pidiendo por favor», dijo.
Finalmente, sobre las horas previas a la clausura, que Carina Jacob ya sabía que era inminente, expresó: «Fui desesperada a Salud Pública a rogarles que me dijeran qué era lo que tenía que hacer para que me habilitaran y me respondieron un ‘imposible’ que contratara un arquitecto que se sepa las reglamentaciones, que reconstruya todo de nuevo, que organice mejor los profesionales y que presente un nuevo pedido de habilitación y que recién ahí iban a ver qué se podía hacer. Ahí bajé los brazos y me decidí a no seguir con el San Marcos», admitió.

Según lo que hasta hoy se ha conocido a través de declaraciones periodísticas de funcionarios que investigan la situación, se analizan la posible comisión de los delitos de abandono de personas y retención ilegal de la libertad contra Carina Jacob, dueña del establecimiento, su pareja, de apellido Díaz, la madre de la titular, Mirta González, y el médico responsable del geriátrico, Rodrigo López, según habría informado el abogado del Ministerio.

«Clausuraron un geriátrico que ya no estaba funcionando»
«Un día antes de que clausuraran el San Marcos, nosotros ya habíamos terminado de evacuar a los abuelos. Yo presenté documentación para cerrar el funcionamiento como geriátrico. O sea que aquí clausuraron un geriátrico que ya no estaba funcionando como tal», expuso la propietaria.
«Admito que por desconocimiento cometí errores. No sabía la diferencia entre emplazamiento y acta. Cuando me dicen que por el acta municipal tengo que hacer un descargo o pagar una multa, trato de resolver a la mayor brevedad los problemas y durante unos días estuve ajena a todo porque se accidentó mi hijo y se me vencieron algunos plazos y ahí se sumó una cosa y otra, me vuelven a hacer un acta y me ahogó la situación. Traté de normalizar los papeles. Uso Urbano, que me había habilitado tres años atrás, ahora no me quiso habilitar, y me entero que era porque yo insistía con la planta alta. Fue más desconocimiento y falta de un buen asesoramiento. No hubo mala intención», afirmó.

«Lo que se hizo fue un circo»
De repente, al mencionársele que a través de los medios hayan salido familiares de ancianos a reclamar por dónde estaban, amén de los funcionarios que en forma constante han sido entrevistados sin que existiera una sola opinión positiva en cuanto al desempeño del lugar clausurado, Jacob admitió: «Reconozco que la semana pasada opté por no escuchar informativos ni leer diarios, porque de lo contrario iba a terminar cortándome las venas, porque sigo considerando que lo que se hizo fue un circo, una tontería. Me he pasado estos días llorando, sin escuchar todo lo que se decía de nosotros porque, insisto, podría haber llegado a tomar una decisión fatal».
Fuente: El Diario

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