Caso Céparo: pidieron prisión perpetua para Adrián Molaro

Fiscalía y querella reclamaron la máxima pena por homicidio calificado por alevosía. El defensor dijo que la víctima murió por una infección hospitalaria, y pidió imputar por lesiones graves.

En los alegatos del juicio a Adrián Molaro por el asesinato de Alexis Céparo, se escucharon las diversas hipótesis sobre el hecho, con fundamentos que fueron desde precisiones criminalísticas hasta referencias poéticas y religiosas. La Fiscalía y la querella solicitaron condenar al acusado con la prisión perpetua (35 años de cárcel, según la nueva legislación) por entender que fue un homicidio calificado por alevosía, al tiempo que negaron que haya existido acoso de parte de la víctima; mientras que el defensor contextualizó el hecho en situaciones de bulliyng (violencia escolar) y agregó que Céparo no murió por los disparos que efectuó Molaro, sino a causa de una infección hospitalaria mientras estuvo internado por las heridas.

El fiscal de Cámara Rafael Cotorruelo recordó el hecho ocurrido el 21 de enero de 2012, en Cerrito, y mencionó la versión que dio Molaro en su declaración, sobre los hostigamientos por parte de Céparo, y que aquella noche pasó por su casa a hablar con él para arreglar las cosas, pero fue atacado y se defendió.

Pero la versión del fiscal fue contraria: Cotorruelo sostuvo que Molaro se presentó con intenciones de dar muerte a Céparo, cuando le abrió la puerta, sin que medie ninguna reacción, sacó su arma y disparó. “Se trata de un homicidio premeditado, eligió el arma más letal, el lugar de indefensión de la víctima y el plan para escapar”, dijo.

Se refirió al único testigo presencial del hecho, el hijo de la pareja de la víctima, quien contó que esa noche estaba Alexis en la notebook, mientras la madre se bañaba. Golpearon la puerta, fue Alexis y abrió, y vio que el visitante se levantó la remera, sacó un arma y disparó, sin ninguna discusión previa. Luego Cotorruelo se refirió a los tres disparos, según la autopsia, dos seguidos y un tercero mas espaciado en el tiempo. “Molaro tenía perfecto dominio del hecho, es un excelente tirador”, dijo el fiscal, y explicó que el primer tiro fue en la región posterior del brazo izquierdo, producto de la acción instintiva de la víctima de levantarlo para cubrirse. El segundo en el hemitórax izquierdo, que le impacta cuando gira y cae al suelo. Por último, el tercero y mortal balazo fue en la espalda, el de remate, a menos de un metro de distancia.

Respecto de la conducta de Céparo alegada por Molaro, dijo el fiscal que se trató de “un mero y vano intento de descargar la responsabilidad a la víctima. Este móvil agrava la acción”. Luego se refirió al informe psicológico y psiquiátrico que le diagnosticó trastorno de personalidad esquizoide, el cual es multicausal, que comienza a principios de la edad adulta, por posible sometimiento y hostigamiento, lo cual es relativo que se deba a la conducta de la víctima.

“El sujeto puede vivenciar como hostigamientos actos que en realidad no lo son”, dijo Cotorruelo al citar a una perito, por lo que afirmó que los hechos mencionados “parecen más circunstancias propias de la primaria que relacionados con el bullying. Alexis nunca le cayó bien, pero no por hostigamientos”. El fiscal mencionó las características de Céparo (extrovertido, alegre, etc.), mientras que “a Molaro ni lo registraban, había envidia, resentimiento”, afirmó y agregó: “Los jóvenes se miden mucho por estos valores, pareciera que Molaro perdía por goleada y lo vivía como un acoso”.

Por otro lado, Cotorruelo planteó que desde el estado “hay que hacerse cargo” de que exista tan fácil acceso a armas de guerra. Finalmente, pidió que se condene a Molaro por Homicidio agravado por alevosía, del cual detalló medios, formas y modos, por lo que solicitó la prisión perpetua. Subsidiariamente, si el tribunal decide que es un Homicidio simple, pidió la pena de 22 años de prisión.

“Mito grosero, arpío y malvado”

El abogado querellante Ladislao Uzin Olleros adhirió al planteo del fiscal, y cuestionó que en la causa “se trató de investigar a la víctima antes que al procesado, para atenuar la pena”. Los testigos “descartan la figura del acoso y del bullying, nos llama la atención que durante 18 años el acusado ni su familia hayan formulado una presentación ni en la escuela ni a las autoridades, y tampoco han trascendido. Los acosos nunca existieron”, afirmó.

Dijo que la versión del acusado es un “mito grosero, arpío y malvado”, y que el asesinato “fue un hecho premeditado, Molaro sabía que Alexis estaba en su casa, hubo predeterminación, planificación, comisión y fuga”. Luego, el abogado se refirió a la alevosía y ensañamiento en el crimen, que Molaro llevó adelante con “una forma cruel de matar, con el fin de prolongar el padecimiento de la víctima”.

Además, dijo que “se agrava la conducta del procesado porque se declara católico practicante”, y al respecto citó los mandamientos de dicha religión. El querellante también pidió la prisión perpetua: “Por la memoria de Alexis Céparo pedimos justicia”, finalizó.

“Céparo murió por sepsis”

El abogado defensor Marciano Martínez describió el bullying escolar como el ámbito donde ocurrieron los hechos, “una conducta de hostigamiento y persecución psicológica”. No hubo ninguna denuncia porque estos hechos no se dan a conocer por miedo, respondió.

Luego se refirió a la declaración del joven Ocampo, amigo de Molaro, dada 10 días después del crimen, quien relató el cruce que tuvo el acusado con la víctima el día anterior, y que a Céparo “no lo podía ni ver. Adrián era de callarse cosas. Con Cuqui (como lo llamaban) en la primaria éramos de los que recibían agresiones por parte del grupo de Alexis”.

Martínez citó la pericia psiquiátrica que sostiene que Molaro no miente, y tiene baja autoestima, retraimiento, con reserva profunda de sus sentimientos y emociones, aislamiento social e inseguridad. Habla de un “trastorno esquizoide de personalidad” por lo que ni desea ni disfruta de relaciones personales. Además, dijo el defensor, sus padres “reconocen y asumen que no se dieron cuenta” de lo que sucedía.

Por otro lado, se refirió a la dificultad que tuvo para conseguir testigos, ya que los habitantes de Cerrito estaban amenazados por los querellantes en los medios de comunicación,quienes iban a iniciar querellas a vecinos que declaren agravios sobre Alexis Céparo: “A esto le llamo perturbar el proceso -dijo Martínez-. ¿Íbamos a conseguir testigos? Evidentemente no”, y mencionó que el intendente de Cerrito le descontó el presentismo a una inspectora de Tránsito que fue a declarar a favor de Molaro.

Rechazó la calificación de alevosía del homicidio, por “ingenua”, y dijo que la misma “tiene un déficit jurídico, porque la Ley no lo define, es un delito en blanco”.

El defensor afirmó que Molaro es un miedoso, que esa noche fue a hablar con una persona que siempre fue violenta: “¿Qué asesino con premeditación y alevosía va a tocar la puerta?”, se preguntó, y agregó que hubo un disparo en el marco de la puerta, que evidenció un forcejeo entre ambos.

Por último, y sorprendiendo a todos, Martínez dijo que “Céparo murió por una descompensación clínica aguda postquirúrgica con estado de sepsis. En ningún lado (el informe médico) dice que murió por los balazos”. Y definió la sepsis como una “reacción inflamatoria generalizada o multiorgánica. Le pasa al 2 o 3% de los pacientes. En la relación hecho-resultado, la sepsis se da por una causa independiente al accionar de Molaro, se puede imputarlo por lesiones graves, pero no por homicidio”. Por ello, el defensor pidió que lo condenen por este delito, y no por la muerte de Céparo, que se dio en el contexto del bullying. Al respecto, el fiscal dijo que con esta hipótesis “hemos retrocedido a un causalismo furioso”, cuestionó.

La acción civil de la familia Céparo contra Molaro demandó 3.732.000 pesos por los daños ocasionados por el crimen, que fue rechazada por el defensor. Fuente: UNO.

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