Coronavirus: Hijos con miedo a salir a la calle

Brujula
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Con más de cuarenta días de aislamiento obligatorio, algunas ciudades como Cerrito, comienzan a tener permisos para salir a distenderse un poco y evitar males emocionales más complejos.
Pero somos muchas las madres que en los últimos días hemos notado miedos y emociones cambiantes en nuestros hijos, al nombrar las posibilidades de volver a la calle.

Con muchos temores personales a cómo puede afectar esta situación en el desarrollo de mis hijos es que me hice muchas interrogantes: ¿Cómo puedo ayudarlos a volver a su normalidad? ¿Cómo lo acompaño en este tránsito por el temor a la cotidianeidad del caminar por el espacio público?… que sí y qué no debo hacer? … y ante esta nube de dudas y como siempre me sucede, pensé en Alejandra Balyk, quien además de ser una incansable colaboradora social, es Master en Psicología y Salud. Aunque su especialidad profesional dentro de la psicología está enfocada en los adolescentes, ella también es madre y atraviesa al igual que muchos padres, este tren con un sinfín de preguntas y temores.
Con una profesión y vocación de respaldo, Alejandra nos va guiando para evitar caer en la desesperación y encontrar ese camino a la tan ansiada “normalidad” familiar y social que tanto añoramos.

-Ahora que podemos salir, mi hijo tiene miedo de alejarse mucho de su casa… ¿Es normal que sienta temor? ¿Este aislamiento puede perjudicar el crecimiento de mi niño?
-Pareciera que el encierro generó este ambiente de mucha seguridad, de híper seguridad en los niños. Y ahora el salir, que venga algo de afuera, como el virus, hace que el niño este hipersensible con miedo de que algo le pase. Esa es mi hipótesis sobre el encierro, como un mecanismo de híper resguardo. Nos hemos dedicado este tiempo a contarles y explicarles de diferentes maneras, que afuera había un virus del cual nos debíamos cuidar. Ellos/as también escuchan lo que se habla en casa, la cantidad de casos, las muertes, etc. También registran las ansiedades de papas y mamas, el miedo a la enfermedad, registran la distancia de la abuela y el abuelo a quien no pueden ir a ver “porque les puede pasar algo”. Eso hace que los niños/as hayan armado miedos al afuera, a donde vive el virus que para ellos, (y para los adultos también) es el “malo”, el “enemigo” de nuestro bienestar.
Entonces, hoy para muchos, salir implica un riesgo, una amenaza y lo viven de esa manera. De los 3 a 5 años, aparecen los miedos con más forma, porque los miedos en general (no siempre) son imaginarios. Entonces es normal que a veces digan: “algo me va a pasar, alguien me va a hacer algo”, y no siempre es real. Por eso es difícil, en el momento de la explosión de la fantasía diferenciar la fantasía de la realidad.

-Como padres, ¿Cómo llevamos adelante el proceso para que se sienta contenido?
-Nos abren las puertas para salir y ellos están con mucho miedo. Pensamos que van a salir corriendo a disfrutar lo que tanto extrañan, pero hacen lo contrario. Es una situación a la que nos estamos encontrando muchos padres, y me incluyo.
Los chicos han creado esta híper barrera de seguridad estando en su casa y salir los pone en la sensación de desamparo. Quizás una posible solución sea la salida muy progresiva y acompañada de muchas palabras: “vamos a salir, “estamos seguros”, “está todo limpio”, “el virus está lejos”, “no nos va a pasar nada”. El lenguaje es fundamental en el psiquismo del ser humano. Por eso es central ir acompañándolos con mucho lenguaje, en positivo y de manera progresiva. Con seguridad de que está todo bien, que no va a pasar nada malo.
Lo progresivo tiene que ver con el tiempo. Tal vez un día no quiera salir, otro día se anime ir hasta la vereda, otro a la esquina, hasta pasar la calle. Los miedos se van desintegrando a través de la acción, pero van de la mano de la verbalización y el relato (estilo cuento). También debemos nosotros los adultos, bajar nuestras ansiedades y miedos para evitar transmitirles a ellos.

-Cada persona transita estos tiempos de diferentes maneras y lo emocional juega un papel importante. ¿Puede mi temor afectar el desarrollo de mi hijo?
-Vivimos en una cultura donde no se habla mucho de lo que pasa, de lo que uno siente, de lo que el otro siente. No se le pregunta al otro “¿te pasa algo?” «¿Estás bien?». Somos como una sociedad anómica.
Por eso tenemos tantos trastornos neuróticos, por no hablar, expresar, manifestar. Y los niños/as necesitan fundamentalmente de esto. Es muy interesante todo este proceso que vivimos, porque es lo que está pasando ya.

-Como padres, debemos tratar de saber lo que pasa en esos psiquismos chiquitos e inmaduros y buscar la mejor manera de ir transitando juntos estos cambios.
-Los más pequeños nos van a ir respondiendo con estas cosas naturales, después de transitar más de 40 días de encierro. Como padres, nada de culpas. La guardamos en el cajón y tratamos de ir resolviendo esto que nos van proponiendo día a día, hacemos un cambio: guardamos la culpa y sacamos y usamos la responsabilidad para generar en ellos bienestar. Los niños/as necesitan nuestra ayuda ahora y siempre.

Periódico BRUJULA

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