¿Disculpas?

Brujula
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En la nueva edición impresa de Análisis, su director Daniel Enz escribe en primera persona su visión de los hechos repetidos de Rubén Almará en sus programas radiales, y los de ahora también, bajo de su traje de diputado provincial.almará
Hijo de mil puta. Cornudo. Vieja chota. La puta madre que te parió. Pedazo de sorete. Vieja conchuda. Puto de mierda. Te vamos a cagar a trompadas. Guampudo de mierda. Puto. Callate vos vieja de mierda. Puto. Andá hacerte coger, vieja puta. El problema de este tipo es que es puto. Andá a la concha de tu madre. Que feo que los hijos de muchacho se enteren por la radio que su padre es puto. ¿Saben que es un puto de mierda? Hace casi 15 años que el ahora diputado provincial Rubén Almará dice tales palabrotas diariamente en la radio que alguna vez le pagó la clase política y en particular el bustismo, de la mano del ex cajero Oscar Horacio Pacha Mori, su gran mentor. Esa misma clase política es la que lo alimentó, la que se rió de sus ofensas, la que alentó a que siguiera con ese mensaje soez, mezclado con aprietes extorsionadores y mafiosos, perversos, del todo vale y la que lo hizo millonario de la noche a la mañana.
Y cada vez que se intentó poner algún límite, Almará de inmediato salió a pedir “disculpas”, decir que estaba arrepentido y que no lo volvería hacer. Era una expresión de no más de 24 horas. Unicamente se paralizó cuando la justicia se lo ordenó, pero fuimos pocos los que llegamos a Tribunales a denunciarlo y ponerle un límite. Demasiados pocos. Contados con los dedos de una sola mano. Los demás, siguieron el juego de Almará. Por eso son tan pocos también los que hoy pueden salir, a cara lavada, a repudiar lo del ahora legislador.
Tienen miedo. Tienen miedo a la reacción, a la extorsión, a que pueda contar sus agachadas, sus chanchadas, porque siempre también se los hizo saber, en esos mensajes enviados a través de su guardia pretoriana, mezclando cuestiones personales, íntimas, en un espacio público como el de su programa radial donde todo está permitido.
Almará está comiendo de su mierda. Y es bueno que eso suceda. Pero basta de disculpas. Ya no hay margen para ello. Salvo que los mismos que no dudan en destacar ese perdón que Almará repite como una muletilla, cada vez que se nota cercado, también quieran disfrutar de esa mierda que chorrea de su boca.
Daniel Enz
(más información en la edición gráfica de ANALISIS)

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