Duelo en niños y en Adolescentes

Por la Licenciada en Psicología Alejandra Balyk Zaccagnini – MP 1036

¿Qué es el duelo? El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, pérdida de la salud (enfermedad) etc.). Otra definición puede ser, la reacción de la psique ante la pérdida de una persona, animal, objeto o evento significativo. Se trata de una reacción principalmente emocional y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe.

Los niños expresan inicialmente temor, confusión y escepticismo al referirse a la muerte. Luego experimentan sentimientos de tristeza, un anhelo por que la persona regrese, dificultades en la concentración, el sueño, y cambios en la alimentación. No todos los niños se expresan de la misma forma, ya que según su comprensión de la muerte y su nivel de desarrollo pueden tener manifestaciones distintas.

Manifestaciones del duelo según la edad

Menores de 3 años: Son niños que aún no son capaces de interpretar nociones más abstractas como la de permanencia o universalidad de la muerte y, aunque su entendimiento cognitivo es limitado, a esta edad ya reaccionan ante la muerte de una persona importante en sus vidas con emociones fuertes y confusión. Dentro de las emociones más dolorosas cabe destacar la ansiedad de la separación, la ambivalencia (“sentimientos mezclados”), la inseguridad de llegar a apegarse a alguien y nuevamente perderlo, sentimientos de culpa y hostilidad, temor de haber sido causante de la separación (muerte) o de la infelicidad en la familia. En los niños más jóvenes el tema del duelo gira en torno a tres preguntas: ¿Qué es la muerte? – ¿Puede sucederme? – ¿Puede sucederte?

En cuanto a las respuestas que uno debería proporcionar a los niños sobre este tema, se tiene que considerar que para el niño de esta edad los padres son “omnipotentes” (lo saben y pueden todo). Si se niega o se intenta cubrir la ocurrencia de la muerte y se es incapaz de hablar acerca de ello, los niños llegan a ser conscientes de que esto es un asunto que “no debe ser tocado”, convirtiéndolo en un tema tabú y, como consecuencia, no preguntará por la persona fallecida y no podrá aclarar las dudas que tiene al respecto. Respuestas de tipo eufemismo, tales como: “Está en un largo viaje…”, “Descansa en paz”, “Está con Dios”, “Está durmiendo un largo sueño”, generan solo dudas y falsas expectativas. Por ejemplo, el menor podría llegar a tener miedo de dormir, ya que puede que no despierte. La sugerencia de los investigadores en este tema es que se deben dar respuestas cortas y honestas y que la comunicación debe generarse en un ambiente de apertura donde el niño se sienta libre de hacer preguntas.

Entre los 3 y 5 años: Ya existe un sentido de pérdida y pueden buscar a la persona fallecida activamente. Pueden darse cambios mayores en la rutina, mostrar regresión en las etapas del desarrollo, y ruptura en las relaciones con los demás por expresiones inesperadas de enojo y agresión.

Entre los 6 y 8 años: A esta edad es común la expresión a través de temores o miedos, por ir a dormir o a estar solo. Los niños pueden presentar con frecuencia pesadillas, por lo tanto buscan dormir con sus padres, manifiestan más síntomas somáticos, cefaleas, dolores abdominales, problemas para concentrarse.

Entre los 9 y 10 años: Las preguntas acerca de la muerte pueden reflejar curiosidad o señalar ansiedades acerca de “responsabilidad” por la muerte de la persona cercana. La muerte de un padre o un hermano a esta edad cambia las creencias de que la muerte es una manifestación de la edad mayor. Puede presentarse ansiedad por separación y preocupaciones acerca de la vulnerabilidad de los otros miembros de la familia.

De los 11 años en adelante: Los adolescentes pueden aislarse de las actividades familiares y buscar soporte en sus pares. La muerte permite al adolescente en duelo preguntarse sobre el significado de la vida. Algo cambia en el concepto de su propia mortalidad, con riesgo de desarrollar comportamientos tales como beber o ingerir drogas. Los adolescentes tienen la capacidad cognitiva de revisar el pasado y contemplar las consecuencias de la muerte a largo plazo. El recuerdo de la persona fallecida puede generar incomodidad o culpa. La muerte de un padre o un hermano puede cargar al adolescente de nuevos roles familiares, responsabilidades y expectativas de que se comporte como un adulto. Su sentido de responsabilidad y el deseo de proteger a los adultos afligidos resulta en una mezcla de mensajes.

Finalizando pensemos en algunos MITOS o IDEAS ERRÓNEAS sobre el manejo de la muerte en niños/adolescentes:

1. Los niños no sufren.

2. El duelo en los niños no provoca un sufrimiento tan profundo como en los adultos.

3. Los niños cuentan con suerte, porque son tan jóvenes que no entienden sobre la muerte.

4. Los niños deben ser protegidos del dolor y el sufrimiento que la muerte lleva con el fin de mantener su inocencia infantil.

5. Dada su juventud y resiliencia, son capaces de olvidar fácilmente a la persona cercana fallecida, pueden resolver el duelo rápidamente y seguir con sus vidas.

6. Cuando se consideran como grupo, los niños y adolescentes entienden, experimentan y expresan el duelo de la misma manera.

REALIDADES O IDEAS CORRECTAS:

1. Todos los niños sufren.

2. Los niños y adolescentes expresan su duelo en forma diferente a los adultos y también pueden sufrir.

3. Los niños son vulnerables y pueden tener desventajas cuando están en duelo.

4. Los niños no pueden ser protegidos de la muerte.

5. Algunos niños olvidan y otros recuerdan.

6. El duelo en niños y adolescentes es distinto a las diferentes edades, en cuanto a comprensión, experiencia y expresión.-

Es necesario y sano que los adultos facilitemos poner en palabras la realidad de la pérdida. Hablar sobre ella, darle significado o sentido permitirá aceptar la ausencia. De ésta manera se reducirá el dolor familiar pero no así el olvido.

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