El “Diente de Sable” habitó en Entre Ríos

Un colmillo sería la prueba de que esta especie prehistórica vivió en nuestras tierras. Fue hallado a orillas del arroyo De la ensenada. “Es un fósil muy escaso porque no pertenece a la fauna de la zona”, indicó un experto.

diente de sable

Jorge Ermácora es un aficionado a la paleontología que suele encarar excursiones periódicas por los alrededores de nuestra geografía, en busca de milenarios huesos petrificados que llamamos fósiles. Durante uno de sus paseos exploratorios, en enero, el profesor de filosofía de la Uader realizó un inusual hallazgo a orillas del arroyo De la ensenada, a 30 kilómetros de Paraná: un colmillo de smilodon, más conocido como “tigre diente de sable”. 

“Es un fósil muy escaso porque no pertenece a la fauna endémica que habitó la zona por millones de años, sino que entró al continente por un intercambio biótico, se calcula que hace entre 2,5 y 3 millones de años, cuando se unieron el sur y el norte de América. Por eso se los llama mamíferos invasores”, explicó Ermácora, con el resto óseo petrificado sobre la mesa y un libro muestrario abierto. Lo raro de la pieza fósil es que son mamíferos que no estuvieron tanto tiempo en el continente y, por otro lado, se trata precisamente del incisivo que le da nombre al felino. 

“Se estima que estuvieron presentes hasta hace unos 10 o 15 mil años atrás”, aclaró el explorador y aclaró que el fósil estaba a la vista, ya que el trabajo que se hace es ir revisando los sedimentos que afloran; es decir de recolección, sin excavación. “Supone que estos felinos estaban presentes en las cercanías de Paraná”, agregó Jorge, quien tenía una noción cercana acerca de la categoría de su descubrimiento, pero a falta de un conocimiento específico técnico sobre la datación y clasificación hizo circular fotografías entre entendidos en la materia, en el Museo Profesor Antonio Serrano y en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, que le confirmaron la relevancia del hallazgo. 

“Cuando lo vi me di cuenta de que era distinto”, dijo el profesor de 36 años, que hace 7 que sale regularmente a recolectar fósiles. “Tengo placas de gliptodonte y otros restos, pero esta vendría a ser la vedette de la colección”, certificó. 

“En el ámbito de la paleontología generó cierta expectación, en el sentido de su divulgación, ya que es un hallazgo que no se puede dejar pasar así nomás, justamente porque es un felino que se encuentra muy poco y específicamente el colmillo es más difícil aún, su pieza identitaria sobre la que circula todo un imaginario del animal”, comentó Jorge. 

“Ahora lo tengo en custodio, pero la idea es que quede a disposición de la actividad científica, porque muchos fósiles caen en la singularidad sin disposición para divulgarlo. El animal ya está catalogado por la provincia, y esta pieza viene a justificar que esta especie habitó y se extinguió acá”, señaló. 

“El fósil es una cobertura de sedimentos sobre el material óseo, son excepciones que vencen la barrera del tiempo por un lado, y además producto del azar: tienen que ver con circunstancias climáticas y geológicas precisas. Cuando algún material de 20 mil años atrás queda expuesto a la intemperie y no es encontrado, comienza la corrosión y el mismo movimiento de los arroyos lo hace desgastar o desaparecer. O también puede quedar sepultado bajo tres metros de tierra durante miles de años más”, dijo Ermácora subrayando lo fortuito de su descubrimiento. 

“Es muy difícil comprender la época si uno no tiene una dimensión de lo que ha pasado, y los fósiles son una unidad de análisis que sirve como indicio o huella para indagar detrás nuestro, piezas fundamentales para interpretar el pasado”, indicó el filósofo, conectando su profesión con su interés paleontológico. 

“No son campos tan lejanos. Hay una relación que es fundamental: la filosofía es el estudio, en algún punto, del ser, del mundo en su radicalidad, del origen mismo. Una de las disciplinas más importantes de la filosofía ha sido la ontología, el estudio de los entes desde una comprensión lógica. La etimología misma nos acerca, ya que la paleontología es una forma de estudiar al ente, en este caso desde la perspectiva biológica, que pertenece al pasado (paleo)”. 

Advirtió: “para mí, el problema teórico que encierra la mega fauna específica de nuestra zona gira alrededor de la extinción de estos animales, donde no está nada claro. ¿Qué ha pasado con el clima, con la extinción de mamíferos tan numerosos, y con la dispersión de los humanos en esta zona, hace 12 mil años? La mega fauna era de una cuantía importante y diversificada, y desapareció del continente. No podemos explicar con certeza lo que ha ocurrido, pero esto nos debería convertir en un poco más cuidadosos con la presión a la que sometemos al medioambiente, ya que mínimos cambios pueden generar grandes modificaciones”. 

“Hay una palabra muy linda en paleontología que es “indicio”, la huella que dispara hacia ese mundo perdido. Uno puede, a partir de esto, conjeturar cómo ha sido la vida de este felino, que edad tenía, de qué se alimentaba, cómo murió… Hay un universo por reconstruir a partir de los secretos que guardan los fósiles”, explicó, sabiendo que localizar el diente del smilodon fue como encontrar una aguja en un pajar. 

Mamífero prehistórico popular 

“Existieron varias especies de estos felinos, la más conocida es la que se denomina smilodon populator, que es la que se piensa que tuvo gran difusión en Argentina y América del Sur”, indicó Ermácora. 

Smilodon significa “cuchillo” o “diente”, en griego antiguo. El macho más grande de la extinta especie pudo pesar hasta 300 kilogramos. Se supone que aparecieron en América del Norte a fines del Plioceno, y se extinguieron en América del Sur durante el intercambio americano, a finales del Pleistoceno. No eran gatos ni tigres, aunque así se los denomine popularmente. En la saga de animación “La era del hielo”, el “diente de sable” Diego es parte de la particular manada protagonista.

El Diario

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