El jarabe de maíz de alta fructosa, otra mentira

Brujula
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Los alimentos empaquetados, enlatados, recomendados por la industria, listos para consumir, adecuados a la vida moderna, suelen ser trampas para los incautos que confían en ellos.

En Estados Unidos, el jarabe de maíz de alta fructosa fue identificado como la causa principal del aumento de peso y la epidemia de diabetes..
Todavía hay gente que supone que el mundo está organizado para facilitarles y mejorarles la vida. Los que los empaquetan así han comenzado a inquietarse porque los dormidos parecen querer despertar.
Las trampas alimenticias están por todos lados: en los pollos inyectados masivamente con antibióticos, las vacas engordadas en feed loot con maíz, el maíz convertido en una semilla transgénica que repele los insectos, el salmón rosado chileno criado en jaulas con alimentos balanceados y con colorantes para darles color, entre otras cosas.
Una de esas trampas es casi tan perfecta para la industria como siniestra para los consumidores. Tiene un nombre inocente, que hace acordar a la “miel de maíz” de hace algunas décadas.
Es el jarabe de maíz de alta fructuosa, muy peligroso, que enmascara la satisfacción del apetito de modo que induce a comer más y más sin medida, como ganso embuchado para producir pate fois mediante la hipertrofia del hígado.
El jarabe en cuestión es mucho más dulce que el azúcar común o sacarosa, un disacárido compuesto de dos monosacáridos: la fructuosa y la glucosa. Pero lejos de ser “una azuquita” libera fructuosa pura en el cuerpo, y obliga al hígado a un esfuerzo extraordinario para metabolizarla.
El jarabe tiene alrededor del 55 por ciento de fructosa no adherida a ninguna otra molécula, a diferencia de lo que pasa con la sacarosa o azúcar de caña. En la naturaleza la fructosa estaría ligada más probablemente a la glucosa. La fructosa libre es metabolizada por el hígado pero de una manera antinatural.
Para procesarla, el hígado ignora o manejar inadecuadamente otras de sus tareas, como la descomposición de ácidos grasos. La consecuecia es el hígado graso y el aumento de la proporción de grasa en el cuerpo
La fructosa no metabolizada queda como reserva, pero eso eleva los niveles de triglicéridos y de colesterol. El hígado graso puede derivar en cirrosis, una enfermedad degenerativa de las células hepáticas que cada vez más sufren los niños, víctimas principales de la criminal industrial alimenticia mundial.
La propaganda con que se trata de tranquilizar a los consumidores
quiere hacerles creer que la fructosa libre se metaboliza como la contenida en las frutas. Pero está lejos de ser así. En la naturaleza la fructosa está vinculada con la glucosa y sufre un proceso de descomposición en el estómago antes de pasar al hígado
Se trata de un proceso más lento que permita al hígado tratar la fructosa como no puede hacerlo cuando es invadido de pronto por la molécula libre, como está en el jarabito.
El azúcar de maíz tiene solo una reminiscencia engañosa del jarabe. Para producir éste se necesitan tres enzimas, dos de ellas genéticamente moficicadas: la alfa-amilasa y la glucosa-isomerasa. La manipulación genética les permite resistir sin descomposerse las temperaturas necesarias para producir el jarabe.
La industria de la alimentación está tratando de confundir llamando al jarabe que viene incorporado en cada vez más productos envadados “azúcar del maíz”. Pero no es lo mismo y todos debemos saberlo.
En realidad el jarabe de maíz de alta fructuosa induce la diabetes, fomenta desequilibrios hormonales y obesidad, propende a contraer enfermedades en la juventud y altera el equilibrio energético del hígado.
En jarabe de alta fructosa está en casi todos los alimentos y bebidas producidos industrialmente, en jugos, refrescos, cereales, salsas envasadas, yogur, encurtidos, galletas, dulces, compotas, aderezos, helados y hasta jarabes para la tos.
En los Estados Unidos fue identificado como la causa principal del aumento de peso y la epidemia de diabetes. Su principal atractivo para la industria es que es mucho más barato que el azúcar y genera adición porque no permite sentir que ya hemos comido bastante.
Justamente la constatación de esta propiedad, similar a la de las drogas prohibidas, hizo que el jarabe reemplace cada vez más al azúcar y a otros edulcorantes, que tienen el mismo efecto pero en menor medida.
El jarabe de maíz auténtico contiene glucosa y es producido a partir del almidón de maíz. No contiene fructosa. Pero en 1957 se descubrió una enzima que convierte la glucosa del jarabe de maíz en fructosa. Este proceso fue “mejorado” en el decenio de 1970, por lo que ahora es posible producir jarabe de maíz en masa..

Fuente: AIM

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