El Papa celebra los 100 años de la aparición de la Virgen de Fátima

El papa Francisco proclamó esta mañana, nuevos santos de la Iglesia a dos de los tres pastorcitos muy pobres y analfabetos que exactamente hace cien años tuvieron la primera de seis visiones de la virgen de Fátima en una cueva donde pastoreaban a las ovejas de familia. Cientos de miles de fieles presentes en la explanada del santuario aplaudieron y ovacionaron la canonización de los primeros niños en la historia de la religión católica proclamados santos sin ser mártires.

Francisco Marto tenía 9 años y su hermana Jacinta 7 cuando tuvieron seis visiones, entre el 13 de mayo y octubre de 1917, de lo que llamaron “la señora de blanco iluminada por una fuerte luz”. Con ellos estaba su prima Lucía, de 10 años. Francisco y Jacinta murieron dos años después contagiados por la fiebre española, una epidemia de broncopulmonía que devastó a Europa causando más de 50 millones de muertos.
Lucía sobrevivió, se hizo monja de clausura y vivió mucho para contar personalmente a varios papas lo que había visto, pues era ella la que dialogaba con la Virgen, según contó. Murió en 2005 a los 97 años, tras haber consignado a la Iglesia un relato de los diálogos y los mensajes de la virgen, que incluyen los llamados tres secretos de Fátima, que oficialmente la Iglesia considera “misterios”. Su causa de beatificación está en curso.
El primer secreto es una visión del infierno, el segundo el surgimiento y la caída del comunismo en Rusia y su conversión a Cristo. Los dos fueron revelados hace muchos años, pero Juan XXIII y Pablo VI no quisieron hacer público el tercer secreto. En el año santo de 2000, fue Juan Pablo II quien lo hizo: se refería a un “obispo vestido de blanco”, que caía bajo las balas en una montaña tras caminar por una ciudad plena de cadáveres.
El pontífice polaco Karol Wojtila dijo que el “obispo vestido de blanco” era él mismo y que la profecía de la virgen se refería al atentado que Juan Pablo II sufrió el 13 de mayo de 1981, día de la virgen de Fátima, en la plaza de San Pedro. Un terrorista turco, Alí Mehmet Agca le disparo mientras Wojtyla, a bordo de un jeep descubierto saludaba a la multitud tras una audiencia general de los miércoles.
Pese que llegó casi desangrado al hospital Gemelli, el Papa sobrevivió y atribuyo a la intervención de la virgen de Fátima ese casi milagro. Un año después viajó al santuario de Fátima e hizo encastonar en la corona de la virgen el proyectil que casi lo mató.
La multitud que se desplegó frente al santuario y en sus alrededores recordó esta y otras anécdotas. La pequeña ciudad de Fátima colapsó desde ayer por los cientos de miles de peregrinos que acudieron al santuario y los kilómetros de automóviles y otros vehículos que llenaron los estacionamientos y las calles.
El Papa Francisco se presentó ayer como “un obispo vestido de blanco” al llegar al santuario desde Roma.
Entre los presentes hoy en la misa de canonización se encontraba el niño brasileño Lucas, que sobrevivió según la Iglesia gracias al milagro de la intercesión de la Virgen de Fátima. Fue este reconocido hecho sobrenatural lo que permitió la canonización de Jacinta y Francisco.
En su homilía tras proclamar a los dos pastorcitos santos, el Papa dijo que cuando Cristo subió al cielo tras la resurrección, “llevó junto al Padre la humanidad”. Francisco agradeció las “innumerables bendiciones” que Dios envió a los humanos en estos cien años desde las apariciones de la virgen a los tres pastorcitos.
El pontífice argentino dijo que “bajo el manto de la virgen”, los nuevos niños santos “no se pierden”. Al pie de la imagen de la virgen de Fátima que presidía la ceremonia litúrgica fueron colocadas dos reliquias: un pedazo de hueso de Francisco y una pequeña trenza de cabellos de Jacinta. Terminada la misa de canonización, el Papa almorzó con los obispos portugueses y por la tarde emprendió el regreso a Roma.

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