Habló la madre del entrerriano que viaja a bordo del ARA San Juan

Hilda siente que su hijo Fernando, el concordiense que integra la tripulación del navío desaparecido, aun en esta crisis, está en el lugar que más le gusta. “El submarino es como un hijo para él”, define.

Teniente Primero Fernando Ariel Mendoza

Ayer al mediodía trajeron y colgaron frente a la base naval una bandera argentina con un mensaje de fe y manos de niños estampadas con pintura fresca sobre el lienzo: “Fuerza papá, tu familia te espera”, ruegan sus hijos y, con ellos, padres, hermanos, esposa y otros parientes del teniente primero Fernando Ariel Mendoza, que viaja a bordo del submarino ARA San Juan.

La familia Mendoza recién ayer se acercó hasta la unidad militar para escuchar cara a cara los informes oficiales que hasta ayer recibía por teléfono. “Tratamos de que los nenes no vean la tele”, reconoció Marcela Tagliapietro, la cuñada de Mendoza.

Juan Carlos Mendoza y su hijo mayor, Carlos Miguel, se arrimaron ayer porque les avisaron de una nueva misa. “Hay que rezar y acompañar, porque el mar es difícil”, contó el hermano de Fernando, pescador de altura y conocedor de los imprevistos de aguas abiertas.

Carlos Miguel intenta sostener en lo anímico a su padre y pensar en un final feliz. Pero quizá sea el que, por experiencia, a veces peca de realista. “Me invento mil películas en la cabeza y a veces alguna con final triste, porque es así lo que me pasa”, cuenta.
También son de los familiares de tripulantes que prefieren sobrellevar la espera sin contaminarse del clima de angustia que se instala puertas adentro de la base naval.

Juan Carlos camina por el perímetro de la base naval y ve la cantidad de banderas y carteles con voces de aliento a los 44 tripulantes. “No aflojen”, “mucha fuerza”, dicen los mensajes anónimos.

Padre y madre todavía residen en Concordia, Entre Ríos. Hilda, la mamá, enfrenta el chaparrón en ciernes para llegar a la casa de jefes de la base naval. Aun en esta crisis, lo siente en el lugar que más le gusta. “El submarino era como un hijo para él”, dice, y recuerda que Fernando acompañó el mantenimiento de media vida que se hizo al ARA San Juan.

Hilda reconoce que flaquean las fuerzas en algún momento. Pero que se repone apenas piensa en ese potencial profesional y anímico que destaca de su hijo, con casi una década de navegaciones por las profundidades del mar. Por eso espera. Y confía que todo irá bien.

La Nación

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