Juzgarán al hombre que tuvo de rehén a su hijo “por Alá”

Brujula
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Ricardo Gómez Artero, fundamentalista del Islam, será juzgado a fin de mes por querer asesinar a su expareja para llevarse al hijo. Como la mujer se le escapó, intentó matar al niño y suicidarse.

La capacidad y la inteligencia de Ricardo Luis Gómez Artero nadie las discute, y la locura del plan criminal que intentó llevar adelante hace un año y medio, tampoco. El hombre es licenciado en Sociología, estudió hasta tercer año de Derecho, llegó a ser un operador externo de bolsas de valores y domina varios idiomas. Una mente brillante, que gestó un plan macabro, por lo que la semana próxima deberá afrontar un juicio.

Hacía unos años que profesaba el Islam, la religión basada en el libro del Corán. En ese marco de creciente fanatismo, a fines de 2011, llegó a Paraná con la intención de matar a su expareja para llevarse a su hijo de 8 años. La mujer logró escapar del departamento, y el hombre se atrincheró con el niño de rehén. Al fallar el plan A pasó al plan B: quería matarlo y luego suicidarse para lograr la trascendencia, pero la Policía y los negociadores irrumpieron justo a tiempo y salvaron la vida del niño.

El infierno en el segundo piso

Los minutos parecían horas en la noche del domingo 19 de diciembre de 2011. Desde las 20.30, la Policía cercó con cintas la esquina de Bavio y Concordia, un grupo subió al primer piso a dialogar con Gómez Artero mientras afuera esperaba un ambulancia para asistir al chico.

Se supo que cuando el hombre llegó al departamento, mantuvo una discusión con su expareja y madre de su hijo, María Antonia Franco Melgarejo. Gómez Artero sacó un arma, que la mujer logró sacarle y la arrojó por la ventana a la calle. Sorpresivamente, el nene se ubicó del lado del padre, y tras unos forcejeos la madre sufrió una lesión en la cabeza para luego escapar pidiendo ayuda.

El hombre se encerró en el baño con su hijo y produjo profundos cortes en sus brazos y en los de su hijo. El diálogo entre Gómez Artero y los mediadores, entre ellos el abogado Rubén Pagliotto y el jefe del COE Claudio González, parecía no conducir a ningún lado, ya que el secuestrador estaba decidido a ir hasta el final. Los mediadores le hablaban desde atrás de la puerta de ingreso al departamento. No irrumpían porque Gómez Artero también estaba armado y podría producirse una balacera infernal.

Hubo algo que llamó la atención y descolocó a los mediadores: el niño hablaba con el lenguaje de un adulto, defendía a su padre y citaba al Corán por la influencia de su padre.

Pagliotto se agachó y miró por la hendija debajo de la puerta; observó en dirección hacia el baño que caían unas las gotas de sangre y formaban un charco. Levantó el brazo y dio la orden para ingresar. Los policías redujeron al hombre y rescataron al niño, poco antes de que se desangrara. Pese al grave estado en que se encontraba, el niño pedía ir con su padre, y seguía hablando con los policías como si tuviera mucho más de 8 años. Cuando se recuperó en el Hospital San Roque recuperó la consciencia y quería quedarse con su mamá.

Al ser allanado el departamento, se encontraron varios elementos que evidenciaban el plan del sociólogo: bibliografía musulmana, pasajes de colectivo para él y su hijo con destino a Córdoba, luego a Salta y finalmente con otras identidades cruzar la frontera hacia Paraguay, por Ciudad del Este. También había elementos de tortura y hasta explosivos.

Loco o perverso

La causa se tramitó en el Juzgado de Instrucción Nº 4, a cargo de Héctor Vilarrodona. Gómez Artero fue procesado por cuatro tipos penales: Privación ilegítima de la libertad y Tentativa de homicidio de la mujer, los mismos delitos respectos de su hijo pero calificados por el vínculo. La causa fue elevada a juicio a la Cámara del Crimen, que se llevará a cabo el 28 de agosto.

La Fiscalía y el abogado querellante, Guillermo Vartorelli, intentarán demostrar que los delitos fueron probados y que Gómez Artero era totalmente consciente de lo que hacía. Por su parte, los abogados defensores Nora Lanfranqui y Boris Cohen fundamentarán que el hombre es inimputable por padecer una grado de locura que no le permitía saber las consecuencias de lo que estaba haciendo.

Cuando fue detenido, lo trasladaron al hospital San Martín para las curaciones, y luego al Hospital Escuela Salud Mental, donde quedó a cargo del equipo de psicólogos y psiquiatras que lo analizaron en coordinación con el Juzgado y los forenses. Se realizaron varias entrevistas, test de personalidad y de patologías psiquiátricas. Los resultados de los informes serán valorados por las partes para argumentar sus hipótesis respecto al grado de consciencia que tenía el hombre al momento del hecho.

Una de las pruebas que cuenta la acusación es que antes de atacar a su expareja, Gómez Artero se colocó unos guantes de goma como precaución para no dejar huellas, lo que demostraría que sabía lo que estaba haciendo. Además, los pasajes de colectivo abonan la sospecha de que tenía todo preparado para fugarse, por lo que no se habría tratado de algo explosivo sino premeditado.

Por su parte, la defensa sostiene que el hombre al momento del hecho no tuvo el control de sus actos, si bien era consciente estaba en un estado fronterizo, y que no es un persona normal. Tenía la idea de que la mujer le secuestraba el hijo cada vez que se lo llevaba luego de las visitas, y además cuenta con antecedentes de internaciones y tratamientos psiquiátricos. Por ejemplo, cuando vivía en Estados Unidos tuvo un ataque psicótico por lo que tuvieron que traerlo de regreso a Argentina. Fuente: UNO

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