La directora del colegio negó que Molaro haya sido acosado

En el debate del juicio a Adrián Molaro, el joven de Cerrito acusado de matar a su ex compañero de escuela, Alexis Céparo, declararon ayer ocho testigos. Ninguno se refirió al hecho de sangre sino a la personalidad y conducta de la víctima y del victimario. El lunes continuarán las audiencias y el martes se hará una inspección en el sitio donde el conductor radial recibió los tres disparos.

La directora de la escuela secundaria de Cerrito, en la que estudiaron el imputado, Adrián Molaro, y la víctima, Alexis Céparo, negó que durante los años que ambos jóvenes cursaron en el colegio se hubiera recibido alguna queja sobre hostigamiento de uno contra otro. Ángela Patricia Azaad está actualmente jubilada, pero fue la encargada de dirigir el colegio cuando ambos jóvenes iban a la escuela.
Azaad describió a la víctima como un chico “educado, atento y muy amable. Con muchas relaciones humanas dentro del ámbito escolar”. Explicó que también dio clases de Geografía en el colegio y tuvo como alumno a Céparo durante un año. “Dentro y fuera del aula tenía el mismo comportamiento. Era cordial y conversaba con todos”, aseguró. Para ilustrar sobre la personalidad del joven asesinado el 21 de enero de 2012 en Cerrito, la directora recordó que en 2008 la escuela le hizo un reconocimiento especial a Alexis Céparo “por colaborar con la escuela y por el buen trato con el personal de maestranza”.
Azaad dijo que Adrián Molaro (el acusado del crimen), también “era un buen chico”, aunque dijo que “era callado y se aislaba”. Negó rotundamente que alguna vez hubieran recibido alguna queja o denuncia por acoso escolar que involucrara a ambos jóvenes. “Me sorprendió enormemente lo que pasó”, dijo la testigo.
Ayer también declaró la monja Liliana Castro, que trabajó en el colegio de Cerrito varios años, incluidos aquellos en los que Molaro y Céparo pasaron por las aulas. El nombre de la religiosa surgió de boca de la madre del imputado, que al momento de prestar declaración dijo que Castro conocía los hostigamientos que sufría su hijo de parte de Céparo. La madre del procesado le dijo al tribunal que intentó hablar con la hermana Liliana para pedirle que declare, pero que la religiosa había sido trasladada a Buenos Aires. La Fiscalía pidió que se localizara a Liliana Castro para que declare en el juicio. Ayer, la monja dijo que “no es verdad” lo que dijo la madre del acusado. Negó que hubiera llegado a su conocimiento una situación de bullying (práctica colectiva de hostigamiento escolar) contra Molaro, a quien describió como un muchacho “introvertido”, pero no por cuestiones de acoso sino por “su propia personalidad”, definió.
Opuestos. Las declaraciones de distintos jóvenes de la ciudad de Cerrito, amigos de Céparo o de Molaro, ocuparon gran parte de la audiencia de debate de ayer. Es que, probado claramente el hecho y la autoría de Molaro, las partes se esfuerzan por indagar en las motivaciones del homicidio que conmocionó a la ciudad ubicada a 55 kilómetros de la capital provincial. En ese camino, la querella intenta demostrar que Céparo era un joven muy popular, querido por chicos y chicas de distintas edades, un deportista correcto, un chico alegre. Por el contrario, la defensa acercó testigos, amigos de Molaro, que insisten con que durante mucho tiempo el procesado, al que califican como una buena persona, pero muy callado y solitario, fue víctima de acoso por parte de Céparo. En se sentido, ayer se escucharon versiones contrapuestas, y hasta se produjo un careo.
Por ejemplo Juan Manuel Manzo, quien explicó que era amigo de Céparo (en su perfil de la red social Facebook tiene una foto en la que aparece abrazado al futbolista asesinado), y que también lo fue de Molaro, “hasta que hizo lo que hizo”.
Manzo desmintió el episodio relatado por Molaro en su indagatoria, ocurrido en un asado entre amigos, y en el cual, Céparo se habría bajado los pantalones y lo habría rozado con su pene simulando una relación sexual, para humillarlo. “Ese asado fue en el campo de mi mamá pero eso que dice Adrián nunca pasó”, negó Manzo. “Alexis nunca se manejó así, en ningún ámbito. Era amigo de todos y nunca se comportó de ese modo con nadie”, resaltó el testigo. “Nunca vi o me enteré de que pasara algo entre ellos. Por eso me sorprendí cuando ocurrió el hecho”, continuó Manzo. Dijo también que durante el secundario fue muy amigo del procesado. Que Molaro iba a su casa a tomar mates, que se reunían después del colegio y que iban a cazar juntos.
Negó rotundamente lo que dijo el martes Alejandro Ocampo, un amigo de Molaro que habló de divisiones entre los compañeros de curso y hostilidades de Céparo y su grupo hacia el imputado y otros jóvenes más tímidos y callados.
Manzo dijo que trabajó en terapia el incidente que causó la muerte de su amigo Alexis, y que con su psicóloga llegó a la conclusión de que Molaro cometió el hecho porque tenía “envidia” a Céparo, deslizó.
En las antípodas, Nicolás Schmidt –también compañero de la escuela de la víctima y el acusado–, aseguró que Molaro era “muy reservado, callado y poco participativo”, y que Céparo le hacía “bromas de mal gusto” y otras “cosas que no correspondían”.
Añadió que él también fue víctima de burlas y agresiones verbales de parte de Céparo. “Me trataba de pobre vago, por mi situación económica”, dijo. Aseveró que Alexis insultaba y hasta escupía a Molaro. “Lo hacía cuando estaba en grupo. Los amigos de Alexis eran todos muy parecidos a él. Y él era el líder. Incluso firmaba como Domi, el capo”, acusó Schmidt.
El tribunal interrogó durante casi una hora a Nicolás Schmidt, quien por momentos se vio asediado por las preguntas. La querella pidió que se lo detenga por falso testimonio, pero la solicitud no prosperó. Los jueces, en cambio, dispusieron que Schmidt se careara con Manzo. De la confrontación no surgió ninguna coincidencia. Cada uno se mantuvo en sus dichos, respecto de las personalidades y actitudes de víctima y victimario.
También declaró ayer Santiago De Ángeli, quien habló de las características y conducta de Alexis Céparo, y destacó que se trataba de una muy buena persona.
Referencias. Ayer también declararon tres testigos que fueron citados específicamente para hablar sobre la víctima. La primera, Alicia Sánchez, es una inspectora de tránsito de la comuna de Cerrito que comentó dos incidentes que tuvo con Céparo. El primero, cuando la víctima tenía 16 años y cometió una infracción manejando una camioneta. Sánchez dijo que le advirtió a Céparo que había conducido a contramano, y que el chico le contestó que le incendiaría la casa con ella y sus hijos adentro, y que la haría “escrachar” por su padre en la radio. Agregó que pocos minutos después de esa amenaza, llegó el padre de Alexis, Luis Céparo, y la acusó de “meterse con su familia”. Después también contó otro episodio, en el que Alexis junto a un grupo de amigos la echaron del Club de Pescadores, una noche en la que ella, como secretaria de la entidad, fue a pedirles que bajen el volumen de la música.
En cambio, Heber Leonard Landra, actual presidente del Club Unión Agrarios Cerrito, explicó que como directivo de la institución compartió muchas comidas y asistió a prácticas cuando Alexis jugaba al fútbol. El testigo brindó una apreciación muy positiva de la víctima y de su familia. “Era un chico que sumaba mucho a los grupos, deportiva y humanamente”, afirmó.
En el mismo sentido expuso Guillermo Gegenschatz, vecino de Cerrito que dijo conocer a Alexis desde “cuando empezó a caminar”. El hombre es periodista (fue director de Información Pública de la Provincia durante el segundo Gobierno de Sergio Montiel), y realizó algunas apreciaciones sobre el modo en que influyó el hecho en su comunidad. “Hubo mucho miedo, sobre todo entre las madres”, dijo el testigo. Explicó que esa sensación de temor fue muy importante durante los más de 20 días en que Molaro permaneció prófugo, después del hecho. “El mismo miedo se instaló en estos días, desde que comenzó el juicio y la gente tomó conciencia de que hay personas en el pueblo con mucha destreza en el manejo de armas, capaces de destruir vidas”, dijo Gegenschatz.  Fuente: El Diario.

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