“Los violentos no son enfermos, son inseguros”

Así describe la Psicóloga Social Andrea Landra, la personalidad de quienes a diario reprimen y someten a sus parejas a una vida de violencia. En el día mundial de la No violencia a la mujer, BRUJULA acerca un informe especial para conocer más a fondo esta problemática social y ofrecer canales de solución a quienes sufren este maltrato.

En los orígenes de las sociedades, la mujer se convirtió en un objeto propiedad del hombre. Al patriarca le pertenecían los bienes materiales de la familia y sus miembros. Por eso la mujer, considerada como una cosa, pasaba de las manos del padre a las manos del esposo, teniendo ambos plena autoridad sobre ella, pudiendo decidir, incluso, sobre su vida.
La mujer históricamente, estaba excluida de la sociedad, formaba parte del patrimonio, relegada a la función reproductora y labores domesticas.
Con la inevitable evolución social, el sexo femenino ha logrado alcanzar igualdad de oportunidades, respeto y valorización de sus capacidades en un estado de lucha permanente. Hoy, ya no es raro encontrarnos con mujeres presidentes, jefas de personal, policías, taxistas y un sin fin de actividades que solo parecían ser logradas por el hombre.
Sin embargo, la violencia y sometimiento no ha dejado de existir y anualmente los índices de femicidio aumentan considerablemente, afectando la vida saludable en las mujeres de entre 15 y 44 años, de modo más brutal que los que genera el cáncer de mama o cuello de útero, la guerra o los accidentes de tránsito (de acuerdo a los informes sobre desarrollo mundial del Banco Mundial).
La violencia contra la mujer presenta numerosas facetas que van desde la discriminación, el menosprecio hasta la agresión física o psicológica, desencadenando en el peor de los casos, en el asesinato.
El miedo, el prejuicio al “que dirán” llevan diariamente a que hijas, esposas, novias, empleadas, transiten vidas totalmente sometidas a la agresión y desvalorización de sus personas. El temor de pedir ayuda, el no saber a donde ir, hace que la violencia de género se potencie y llegue a casos extremos.
BRUJULA dialogó con la operadora Psicosocial, tesista en Licenciatura en Psicología Andrea Landra (Mat. Nº 14.981), quien integra el Equipo Técnico Interdisciplinario del Programa Provincial de Prevención, Promoción y Abordaje de la Temática Violencia Social, perteneciente al Ministerio de Salud de la provincia, para conocer el modo de trabajo de esta área disponible libre y gratuitamente, para familias con problemas de violencia.
¿Cómo identificar un acto de violencia?
La violencia se da en cualquiera de las relaciones: mujer – hombre, padres e hijos, abuelos – nietos, no solo conyugal. Muchas veces la violencia es cruzada. Las responsabilidades son de varios y las reacciones de otros. Es importante el abordaje integral de la familia, y hablar no solo una vez. La violencia familiar es cíclica y en aumento. Es como un ciclo vicioso, una cosa alimenta a la otra. La mayoría de las veces, dentro del grupo familiar no podes resolverlo. Cada uno tira para su lado. De por si una convivencia es complejo, pero cuando suceden relaciones cíclicas, si no hay un corte por parte de un orden como la justicia, sucede lo peor. Si todas las instituciones hacen su trabajo; la policía, los juzgados, los programas, y trabajan interdiciplinariamente, se puede ayudar.
La violencia en la teoría profesional se divide en: Negligencia y abandono: cuando hay personas con enfermedades crónicas o que necesitan atención y no se las dan. Negligencia cuando se hacen acciones que atentan contra salud psicofísica de la persona. Abandono a las necesidades básicas como de alimentación o ir al médico. Violencia psicológica: entra lo verbal. El maltrato verbal, humillaciones, control de las diferentes situaciones, aislamiento no solo físico sino verbal. Celotipia (celos), a veces no es a alguien en particular, sino a acciones que uno haga, por ejemplo arreglarse antes de salir, estar fuera de lo acostumbrado, actitudes fuera de lo cotidiano. La violencia psicológica deja consecuencias más graves que la violencia física. Un golpe es una marca que con los días se va, lo que se dice, queda. Una humillación te condiciona a ser de una manera. Abuso sexual: es ejercer poder al otro para mantener relaciones sexuales sin consentimiento. Se da mucho en las parejas. Violencia física: con golpes de puño y de todo tipo. Inclusive arrojar o romper cosas. A veces dicen que no les pegan pero que si les arrojaron cosas en el aire. Todo tiene que ver con el intento de violencia. Va desde el golpe de puño, cachetada, pellizco, mordida, un apretón, empujón, tirón de pelos. “Me empujó, me hizo caer, después me apretó el brazo”, son episodios que no son aislados. Son hechos que se suceden constantemente. Violencia económica o financiera: la manipulación y control a través del dinero tanto cuando la persona queda en el hogar y el victimario no deja manejar dinero o cuando es obligada a salir a trabajar y entregar el dinero al marido. “Te doy algo cuando quiero y si quiero”. Pero la violencia psicológica, es más que un golpe”.
¿Cuáles son las causas que no permiten la denuncia a tiempo?
Hay varios mitos. Lo que se dice siempre, “se queda en la casa porque le gusta que le peguen. No es así, muchas veces las mujeres justifican sus actos con el amor que sienten”. El otro mito es “es algo privado, no te metas”. Cuando uno acude a la justicia, la vida deja de ser privada para que tomen intervención los profesionales.
En las entrevistas, los hombres violentos salen a la luz. Sus discursos son muy manipuladores y en la comunidad, son agradables. Los cambios solo se dan cuando la persona violentada deja de ser débil y sumisa. Al realizar tratamiento, la víctima se fortalecerte y tiene herramientas para evitar la violencia y no generar culpa y miedo. Los violentos no son enfermos, son inseguros. Hay quienes tienen alguna patología o adicción, pero se suma a un modo de personalidad.
Además, el naturalizar los hechos es otro motivo. Hay tendencia a justificar o naturalizar ese modo de vida. Tiene que ver con la culpa. Pero nada justifica un acto de violencia. Discutir de vez en cuando resulta saludable, lleva a la construcción y puesta en valor, pero no vivir en ese estado. Hay mujeres que denuncian, pero al momento de las entrevistas niegan todo. Otras viven en esa ambivalencia. En común en la relación de violencia familiar consentir “te amo, pero te pego”.
¿Por qué se acepta una convivencia con violencia?
En los últimos dos años las denuncias de violencia de padres a hijos o viceversa aumentó. Tiene que ver el modelo que uno ofrece. Se mucho casos de hijos violentos con sus madres, que en su momento fueron testigos de violencia entre los padres y que hoy, por separación o muerte de su papá, ocupan ese lugar y lo imitan con su madres o sus parejas. Se continúa el ciclo de la violencia. Hay que saber qué modelo de familia inculcar a los hijos. Si creció viendo insultar a mamá, el modelo es ese, que a mamá se la puede maltratar. Si se tiene recursos, terapia o ayuda, puede pensarlo y desnaturalizar la situación. Pero en la mayoría de los casos no sucede. Hay veces que las parejas vuelven, pero por las condiciones y la falta de modificación en la relación, vuelven a caer. No decimos que deben separarse, pero debe haber modificación. Es lo que pretendemos desde nuestro lugar. Cuando se dictan medidas de protección de las víctimas, muchas veces no se acatan. No entienden que deben ser sostenidas por las dos partes. Si uno cede, la medida cae y se vuelve a transitar todo de nuevo.
Ante un caso de maltrato, ¿Dónde hay que pedir ayuda?
La persona violentada debe acudir a la comisaría mas cercana y radicar una denuncia. Nunca exposición, porque queda en la misma comisaría y no se interviene desde otros ámbitos. Al hacer la denuncia, se eleva inmediatamente al juzgado de turno. Hay dos, el Juzgado Nº 1, Secretaria Nº 3 de la Dra. Claudia Salomón y el Juzgado Nº 2, Secretaria Nº 2 de la Dra. María Victoria Solari, que también atienden casos de divorcio. En tribunales trabaja un equipo interdisciplinario de violencia familiar del superior tribunal de justicia (CTJ), con profesionales de salud, psicólogos, trabajadores sociales, que citan al denunciante (hombre o mujer), para trabajar y ver qué hacer. También se puede llegar directamente a este equipo sin ir primero a la comisaría, viajando directo a Paraná. Allí se hace una entrevista al denunciante y otra al denunciado por separado. Se le sugieren algunas medidas a la jueza, como prohibición de actos molestos a la mujer, exclusión del hogar (no acercarse al domicilio) donde actúa la policía para garantizar ese cuidado de las personas. Es el modo en que puede el policía meterse en un hogar, con la orden judicial que lo autorice.
¿Qué es lo que ofrece el programa de ayuda familiar?
El programa provincial es de promoción, prevención y abordaje de la temática violencia social. Trabajamos con la Ley provincial Nº 9198, de violencia familiar. Hace poco fue reglamentada y modificada. Además, trabajamos en escuelas, barrios, haciendo capacitaciones de promoción y en cómo trabajar en temática en violencia apuntando desde el noviazgo, el acoso laboral, familiar y todos sus ámbitos.
Recepcionamos los casos en calle La Paz 29 de Paraná. Citamos al grupo conviviente, no solo a los denunciantes. Mantenemos entrevistas y seguimientos. A veces nos encontramos que en un tiempo de violencia hay hijos, grandes de edad. No podemos intervenir en hacer algo específico en cada caso. Solo asesoramos donde tienen que ir y que hacer, les informamos sobre los profesionales que trabajan para el estado y ayudan de manera gratuita a las personas. En nuestro programa tenemos casi 5.000 casos al año. Es un número elevado, pero en positivo, ya que son los casos que se animan a pedir ayuda y denunciar el maltrato. Pero existe una falta enorme de información en las personas.
¿Qué le daría a quienes sufren algún tipo de violencia?
Generalmente, en una relación todo comienza con un maltrato psicológico, alguna prohibición. Inicia así, la acumulación de la tensión. Se intenta tolerar cosas, reglas, peleas, que solo son impuestas por uno solo. Después la explosión se da por un grito, una pelea fuerte, un golpe y después el arrepentimiento o luna de miel. Hasta que vuelven a pasar cosas después de un tiempo. Pero siempre acrecentándose con el tiempo. Si no hay un corte, que debe hacerse desde un lugar externo, no se puede lograr. Por eso es importante la denuncia, porque está inmersa en una relación cíclica, repetitiva.
Cuando de las dos partes hay intensiones de modificar las situaciones, se logra. Hay personas que ven que se les genera internamente momentos de violencia, y piden ayuda. En pareja, no hay un culpable, sino hay responsabilidades de ambas partes. No hay caminos mágicos, solo hay que cambiar los roles. Dejar de ser la víctima. Dejar de lado el prejuicio del “que dirá mi vecino” es importante para poder salir del maltrato y no llegar a perder la vida. Pero solo uno tiene la posibilidad de elegir. Tampoco hay que esperar a que me golpee para hacer la denuncia. Si se viene viviendo con estas situaciones, que producen aislamiento, prohibición de ver a familiares, amigos, es manipulación y es violencia. Hay muchas instituciones que están para ayudar a salir y enfrentar mejor la vida. Solo hay que pedir ayuda.

Fuente: Periódico Brújula

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