Perla Alegre, la primera ordenanza trans

Brujula
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“Soy ordenanza en una escuela pública donde fueron toda la vida mis hijos”.

El 10 de enero ingresó a trabajar en el comedor de la Escuela N° 54 Paso de los Andes, del barrio Citrícola, en Chajarí, y hasta el 6 de julio próximo cubre una suplencia.

Buscó ese trabajo: presentó una petición, esa petición durmió el sueño de los justos, hasta que le pidieron que volviera con una nueva solicitud. Volvió con todo, como en el juego de la oca. Esperó.

Al final, recibió esa llamada que esperaba: que un puesto la esperaba en una escuela, la escuela a la que asisten sus hijos.

Dice Perla Alegre, mujer trans, nacida en Buenos Aires, criada en Chajarí.

Es, dice también, la primera mujer trans que se convierte en ordenanza de una escuela. Una escuela pública.

En su ciudad, Chajarí, Perla Alegre es una persona conocida: trabajó en radio, hizo televisión, condujo un programa de cumbia, ha sido coconductora, adláter, pero un día el trabajo en los medios se terminó.

Ahora se ocupa de atender el comedor de una escuela.

“Entré a los medios por hobby –cuenta-. Me encanta todo lo que es la noticia. Hice también teatro, que me encanta. Tuve la posibilidad de trabajar en radio haciendo programas de cumbia. Me llamaron de una radio, después para un programa estilo Santiago del Moro, que funcionó muy bien. Estuve tres años. Vendieron la radio y quedé sin trabajo. Me llamaron de otra radio. Hice humor, toqué noticias insólitas, nos reíamos un poco de la vida. El último tiempo estuve trabajando en radio y tele. Yo hacía la parte humorística”.

Antes de todo eso, ejerció la prostitución.

Dice Perla Alegre, mujer trans, que a los 14 años una mujer la invitó a su casa a tomar mates. Cuando estuvo en la casa no hubo mates: había clientes para atender. Ese fue su ingresó al mundo de la prostitución. Viajó a Buenos Aires, trabajo en “privados”, volvió a Entre Ríos, y atendió clientes en Concordia, en Corrientes y al final en las calles de Chajarí.

“Un día dejé todo, porque mi hija empezó a darse cuenta y a hacer preguntas. La sociedad nos empuja a la prostitución. Si sos gay o sos travesti, no servís para otra cosa que no sea la calle. Y por eso después cuesta insertarse. La gente nos ve como que no servimos para otra cosa”, se queja.  

Habla de su vida como si fuera un video clip: todo pasa muy, muy rápido. Lo cuenta así.

Pero en su vida hay personas que han quedado, como sus hijos, de quienes habla con orgullo: la mayor, de 19 años, que en realidad no es su hija, sino la hija de una pareja de la que se separó: un nene de 8, una nena de 3, de los que tiene la guarda.

Dice Perla Alegre, mujer trans.

“La nena más grande vino a vivir conmigo cuando yo me puse en pareja con el papá. Pidió venir a vivir con nosotros. La tuve hasta que cumplió 13 años. Cuando yo me separo, aparece la mamá y se la lleva. Pero sigue en  contacto conmigo, me sigue visitando, la sigo viendo, me sigue llamando mamá –recuerda-. El nena varón es hijo de mi hermana. En realidad, es mi sobrino. Mi hermana no lo podía criar porque lo tuvo a los 13 años. Hice todos los papeles para adoptarlo. Y  con la nena más chiquita es una cuestión más especial. Yo no quería otra criatura, porque económicamente no estaba bien, estaba sin trabajo, y estaba jodida la cosa. Pero me llama la defensora de Chajarí, y me pidió que me hiciera cargo. Me hice cargo, porque también es mi sobrina. En diciembre me dieron la tenencia. Soy su mamá adoptiva”, detalla.

Ahora, dice Perla Alegre, mujer trans, es ordenanza en una escuela, primera ordenanza trans.

-¿Cómo te recibieron?

-En la escuela me recibieron re bien. Los docentes, los papás, los chicos, todos re bien. Un placer. Me siento muy cómoda de trabajar. Somos una gran familia.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora

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