¿Por qué se pelean los hermanos?

Brujula
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Si uno de tus hijos ya tiene 2 o 3 años y es el más chico de la familia, éste empieza a darse cuenta que sus hermanos mayores tienen más privilegios e independencia que él. Al mismo tiempo, el hermano mayor está descubriendo que no quiere que su hermano chico lo siga por todas partes. El resultado: constantes discusiones, burlas, acusaciones, empujones y golpes.

La verdad es que algunos hermanos y hermanas van a llevarse regular todas sus vidas, así que es mejor es aceptar que cierto nivel de conflicto alrededor es inevitable. Por otro lado, es bueno que tus hijos aprendan cuanto antes la importancia de respetarse y de saber resolver sus propios problemas. Mediar en los conflictos fraternos no es algo fácil, pero con un poco de cuidado y mucha comprensión se podrá navegar las situaciones, reducir los dolores de cabeza y mantener la paz y armonía del hogar.

Qué podés hacer si tus hijos se pelean mucho

Trata de no estimular la competencia. Resistí la tentación de compararlos. El clásico: «Mirá que bien se porta tu hermano” o “mirá tu hermanita ya no se hace pis y tú sí”. Esto seguramente herirá los sentimientos de alguien. En su lugar, destacá los atributos propios de cada niño: «Enrique, qué bien te has puesto la camiseta. Y Raquel, estoy orgullosa del cuento que has escrito vos solita». Siempre que puedas, halágalos a los dos a la vez: «¡Qué bien, hoy nadie ha derramado la leche!».

No busques la igualdad por todos los medios. Cuando los padres, con la mejor intención, buscan tratar a sus hijos equitativamente, crean más problemas de los que resuelven. Tratá a tus niños como individuos. Llegará un momento, si es que no ha llegado ya, en que uno de ellos irá a una clase de gimnasia para la que el otro todavía es demasiado pequeño. Y los dos van a pasar por ver cómo su hermano celebra su cumpleaños y le toca abrir montañas de regalos mientras ellos no reciben nada.

En vez de buscar la igualdad, deciles a tus niños que siempre tratarás de ser justa: eso es todo lo que podés hacer. Cuando uno se queje de que «Sofía tiene más caramelos que yo», probá con: «¿Te gustaría otra caramelo? ¿Cuántos más crees que te vas a comer?». Dejá que uno de los dos corte una torta por ejemplo, y el otro elija la primera porción. El encargado de cortar seguro que intentará hacer las porciones iguales y los dos disfrutarán de una nueva experiencia.

No aceptes las acusaciones. Cuando el más pequeño corra a decirte que su hermana mayor está comiendo dulces a escondidas, decile que no te interesa que él te diga lo que hace su hermana. Pero si ella quiere decirte lo que ella está haciendo, escuchala con atención. Deja claro que no vas a aceptar que uno de los hermanos trate de crear problemas para el otro. Pero asegurate de que entienden que esa regla tiene una excepción: si uno de los dos está en peligro de hacerse daño o de dañar a alguien, entonces sí necesitas saberlo inmediatamente.

Ejerce de árbitro y poné límites cuando sea necesario. En general, evitá meterte en sus discusiones excepto para facilitar la comunicación. Podes probar con: «Vuelvo en un minuto. Si para entonces no han aclarado cómo van a compartir el juguete, ninguno de los dos podrá jugar con él». Pero los pequeñitos frecuentemente necesitan la presencia de un adulto para mantener la paz y guiarlos hacia una solución, especialmente si las emociones suben de tono y percibis que alguien va a empezar a llorar o a gritar. Si esto pasa (y pensás que los niños ya son suficientemente maduros), intervení y escuchá las dos partes. No dejes que ninguno interrumpa hasta que el otro explique su versión. Luego resumí el problema, reconocé su dificultad y ayudalos a alcanzar una solución sencilla.

Claro está, habrá veces en que la culpa será claramente de uno de los dos. Si es del más pequeño, llevátelo aparte y deja claras las reglas para futuros conflictos. Por ejemplo: «A veces a tu hermano mayor le gusta jugar construir con bloques con vos pero otras veces, no. Cuando no quiere no lo podes obligar. Tenés dos opciones: o jugar a los bloques vos sola o preguntarle si quiere jugar con vos a otra cosa».

Reconoce sus sentimientos. A veces, simplemente hablar sobre lo que sienten basta para acabar con una pelea. Si tu hija pequeña lleva toda la tarde tratando de arrebatarle a su hermano mayor una piedra que encontró en un parque, en vez de buscar una piedra del mismo color, hablá con ella. Decile que comprendés cuánto le gusta la piedra de su hermano y cuánto la quiere. Escucharla con respeto puede ahorrarte una excursión al parque para buscar otra piedra. Además, la próxima vez que intente quitarle un juguete a su hermano, recordale que eso no está permitido, y luego explicale que comprendes por qué quiere ese juguete y que entendés lo difícil que es esperar. Enseñale a preguntar si puede jugar después que su hermano mayor acabe de hacerlo.

Fija límites sobre los objetos personales. No esperes milagros, pero muchos conflictos pueden evitarse designando un lugar especial para los objetos personales de cada uno: por ejemplo, un estante para cada uno. Deciles que antes de tocar algo del estante de su hermano, tienen que pedir permiso. Ayudalos a elaborar rótulos con sus nombres y señales como NO TOCAR, o PRIMERO PEDIR PERMISO. Al pequeño seguro que le entusiasma tener su propio estante, y eso hará que sea más respetuoso con el espacio personal de su hermano mayor. Si los niños tienen edades muy parecidas, una manera de evitar conflictos es comprarles juguetes idénticos siempre que sea posible.

Divide y vencerás. Los hermanos tienden a pasar por fases en las que son los mejores amigos y fases en que son rivales encarnizados. Cuando la familia pasa por una fase de “guerra”, hacer parejas de hermano/progenitor, puede aliviar la tensión. Uno de los niños tiene un “Día con mamá” y el otro, un “Día con papá”. Si no tenés compañero/a, pedile a un amigo/a o pariente que te ayude a darles a los niños su propio espacio.

Alejandra Balyk – Licenciada en psicologia.

www.periodicobrujula.com.ar

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