Se cumplen hoy 30 años de democracia ininterrumpida

Brujula
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A tres décadas de la elección más importante de la historia reciente del país, la que permitió el retorno a la vigencia institucional tras la dictadura más sangrienta. Fue el mejor momento del radicalismo y empujó un fuerte proceso de renovación en el peronismo.
El 30 de octubre de 1983 los argentinos volvieron a votar, tras haber sufrido la dictadura cívico militar más sangrienta de la historia del país. Habían pasado siete años, siete meses y siete días desde que un golpe de Estado derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.
No había experiencia en la Argentina de un peronismo derrotado en elecciones sin proscripciones. Sin embargo, ese día la historia política del país comenzaría a cambiar. La fórmula de la Unión Cívica Radical, que integraron Raúl Alfonsín y Víctor Martínez consiguió el 51,74% de los votos (7.725.173 sufragios) contra el 40,15% del binomio justicialista que integraban Ítalo Luder y Deolindo Bittel. La polarización fue enorme. Muy lejos quedó, en tercer lugar, la fórmula del Partido Intransigente que proponía a Oscar Alende y Lisandro Viale con el 2,33% (347.654 votos).
La amplia mayoría de los vencedores determinó que no hiciera falta el acuerdo con otras fuerzas políticas en el Colegio Electoral, mecanismo de elección presidencial que se utilizó por última vez en 1989, ya que fue eliminado por la Reforma Constitucional de 1994, que lo tuvo a Alfonsín como protagonista privilegiado a través del denominado Pacto de Olivos que formalizó con el entonces presidente Carlos Memen para posibilitar la reforma constitucional de 1994.

La campaña
En 1983 se presentaron 12 propuestas electorales: el Movimiento de Integración y Desarrollo llevó la dupla Rogelio Frigerio- Antonio Salonia; la Alianza Federal a Francisco Manrique-Guillermo Rawson, la Unión de Centro Democrático a Álvaro Alsogaray-Jorge Oría, la Alianza Demócrata Socialista propuso a Rafael Martínez Raymonda y René Balestra y el Partido Socialista Popular a Guillermo Estévez Boero-Edgardo Rossi .
También se presentaron las fórmulas compuestas por Francisco Cerro y Arturo Ponsati, del Partido Demócrata Cristiano; por Luis Zamora y Silvia Díaz, del Movimiento al Socialismo; por Jorge Abelardo Ramos y Elisa Colombo, del Frente de Izquierda Popular; y por Gregorio Flores y Catalina de Guagnini, del Partido Obrero.
El candidato radical fue el primero en comenzar la campaña electoral. El periodista Carlos Quirós, quien lo acompañó durante aquellos meses, escribía en Clarín: “Alfonsín parece una bola de nieve. Sus actos concentran cada vez más gente”. Mientras tanto Luder retardaba el inicio de sus actos y sostenía ante el mismo Quirós: “Cuando se ponga en movimiento, en pocos días, la maquinaria peronista, se acaba la fantasía radical”.
El 27 de octubre, tres días antes de la votación, Raúl Alfonsín cerraba su campaña ante 1 millón de personas en la emblemática avenida 9 de Julio. Eufórico y cauteloso, decía: “Vinieron a decirnos que nos traían la paz, y traían la guerra”.
“El pueblo unido, sin distinciones de peronistas y antiperonistas, radicales y antirradicales, hará su tarea para defender los derechos de todos”, señalaba. Y agregaba: “No va más, se acabó. Es una Argentina honrada y moral, la que viene”.
El día posterior, el Partido Justicialista se reunió en la misma avenida para hacer su acto de cierre. La cifra fue similar, aunque algunos historiadores apuntan que la cantidad de gente era mayor.
Sin embargo, el resultado de aquella jornada influiría en el rumbo de la elección, por una acción del dirigente sindical Herminio Iglesias, quien era candidato a gobernador en Buenos Aires. Cuando Luder terminó su discurso, subieron un ataúd y una corona con la insignia radical al escenario y Herminio los prendió fuego.
Aún se discute la influencia de aquel hecho en las elecciones posteriores. Algunos historiadores sostienen que la ciudadanía, hastiada de tanta violencia, repudió ese accionar y se volcó en las urnas por la unidad y serenidad que prometía Alfonsín.
Otros, en cambio, entienden que el hecho fue magnificado y que los aciertos de Alfonsín fueron su campaña publicitaria y la denuncia de situaciones como el denominado pacto sindical militar.
La recuperación del sistema democrático significaba para la sociedad el amanecer de un escenario donde se reflejaban expectativas largamente postergadas.
Un día antes de las elecciones se levantó el estado de sitio que había sido decretado en 1974, casi una década atrás.
Según Heriberto Muraro en su libro La publicidad política (y la política de la publicidad) en la Argentina en la denuncia del pacto sindical militar quedó demostrada “la pericia de los dirigentes de la campaña de la UCR” instalando la existencia de “un supuesto acuerdo entre representantes de los sindicatos (léase el centro neurálgico del partido peronista en ese momento) y los militares en vías de abandonar la casa de gobierno. A través de la denuncia de ese arreglo político —que de acuerdo a las encuestas fue considerado por el grueso de los electores como algo real y negativo para el destino del país— Alfonsín logró identificar a su principal oponente con el pasado inmediato, con el conflictivo período 1974-1976, y con la dictadura. Esa jugada política fue efectuada —según un análisis realizado por Oscar Landi— en un momento en que los expertos coincidían en que la tasa de los intencionados de voto por la UCR se había estabilizado en tanto crecía la del peronismo”.

Fuente: UNO

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