Se encerró con su ex pareja y la hija y las mató brutalmente

Brujula
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La Policía negoció 6 horas con él, creyendo que las víctimas estaban vivas. Cuando lo detuvieron, las hallaron muertas en una cama. Las habría asesinado a golpes. Antes, baleó al novio de la chica.
El infierno existe. Ayer despedazó a una familia de San Martín. Un hombre se atrincheró en la casa de su ex pareja y, después de dispararle en el estómago al novio de su hijastra, tomó como rehenes a la mujer y a su hija. Pasaron seis horas de tensión, en las que el Grupo Halcón trató de negociar las liberaciones. Cerca de las 19, al ver que no había avances, se decidió irrumpir en la vivienda. Allí se encontró la peor escena: las dos mujeres estaban muertas. El hombre, ileso, quedó detenido.
La tragedia comenzó a las 13.30, en una casa de tejas de Sarmiento 5026, en Villa Bonich. Allí vivía Silvana Eiriz, una maestra de escuela primaria de 49 años. Su hija Valeria Gioffre, de 21 años, y su novio, Emanuel Villalba (23) habían ido a buscarla. Al llegar, se encontraron con Pablo, alias “Chicho”, un hombre violento que sobrevivía haciendo changas (vigilador privado, jardinero, albañil), pero que desde hacía unos años estaba sumergido en su adicción a las drogas.
En la puerta se generó una fuerte discusión. Fuera de sí, “Chicho” le disparó al novio de su hijastra y a la fuerza logró meter dentro de la casa a Valeria, según contaron allegados a la familia de las víctimas. A Emanuel lo encontraron con una herida de bala que le atravesó el abdomen, a la vuelta de la casa de la tragedia, a bordo de su auto Volkswagen Fox negro. Había perdido mucha sangre y ya estaba casi inconsciente. Un patrullero de la policía comunal lo auxilió. Poco después, debieron extirparle el bazo y parte de un riñón por el balazo que le atravesó el abdomen, de un costado a otro. “Fue operado, permanece en terapia intensiva con respirador artificial.
Su pronóstico es reservado”, informaría a media tarde Eliseo Carodini, jefe de Guardia del hospital Thompson.
Alguien llamó al 911. Enseguida, personal de la Policía Comunal de San Martín se acercó al chalé deteriorado de Sarmiento y Suipacha. Pero el secuestrador efectuó por los menos tres disparos desde el interior de la vivienda. Enseguida, llegaron efectivos de distintas comisarías de la Jefatura Departamental de San Martín para rodear la casa. Minutos después llegó el Grupo Halcón. Intervino también, la Unidad Funcional de Instrucción 7, a cargo de Fabio Carrigonde. Iniciar la conversación fue difícil. El hombre no le contestaba a la Policía. Cada minuto dolía. Horas más tarde empezó a hablar.
“Fingía que hablaba con las dos mujeres”, precisó el comisario Hugo Matzkin, jefe de la Policía Bonaerense, poco después de las 21, al explicar cómo se habían desarrollado las negociaciones. Fuentes judiciales indicaron que el supuesto secuestrador no podía dar una prueba de vida: decía que Silvana y Valeria estaban “dopadas”.
“Yo ya estoy jugado”, gritaba el agresor, entre insultos, renuente al diálogo. Con el desenlace fatal, la Policía comprobaría dentro de la casa que las puertas habían sido reforzadas con tabiques desde temprano. También hallaron una carta. Allí, el asesino se disculpaba por lo que iba a hacer y se justificaba: “Mi mujer me engaña”.
Todo se precipitó a las 19.05. El negociador del Grupo Halcón logró que “Chicho” saliera al frente de la casa. Cuando conversaban, arrojaron dos granadas de aturdimiento que explotaron e hicieron temblar la cuadra. Mientras varios policías intentaban reducir al homicida –“Estaba fuera de sí e incluso rompió varios precintos antes de que lo controlaran”, dijo Matzkin–, otros efectivos entraron.
Silvana y Valeria estaban en la cama, sin vida. Un primer peritaje indicó que habían muerto una seis horas antes, cuando la pesadilla comenzaba. Una fuente judicial aseguró que estaban desnucadas. Habrían muerto a golpes.
Los rumores se apoderaron del barrio después de los estruendos. “Ya terminó todo. El está detenido”, decía una vecina. Un familiar de la docente le comentó a este diario: “A ellas las están atendiendo en la ambulancia, todavía están en shock”. Camila (19), una de las tres hijas de Silvana, estaba en el hospital Thomson, cruzando los dedos. Carolina (23) ya había llegado al lugar de los hechos. En el círculo familiar corría la versión de que la pesadilla había terminado. Pero a las 20, trascendió que las mujeres habían sido asesinadas. Nadie quería creerlo. Una hora después, lo confirmó Matzkin. “La carta nos orienta a que la determinación estaba tomada desde el primer momento”, dijo.
Poco se sabe hasta ahora del acusado, que está detenido. Pablo es su nombre y «Chicho» su apodo. Hace tres años que estaba en pareja con Eiriz y según los vecinos eran habituales las peleas frecuentes en la casa de la mujer, a quien escucharon en varias oportunidades pedir auxilio. Ella lo había denunciado en la Comisaría de la Mujer de San Martín hace cuatro meses.

Fuente: Clarin

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