Una biblioteca pública, sin público

centro cultural y biblioteca de cerritoLa biblioteca, ese espacio maravilloso que Borges supo llamar universo, un lugar que no hace distinción de edad, género, raza, religión o clase social, muchas veces recurrimos o hemos recurrido a ella en busca de una novela o un cuento para perdernos en su magia, o simplemente en busca de información.

Rodeada de juegos, frondosos árboles y verde césped se hace visible en Plaza Las Colonias un moderno y amplio salón en el cual funciona la Biblioteca Pública Municipal Federico Schroeder, fundada un 13 de febrero de 1904 en el pueblo vecino de General Paz por iniciativa de un grupo de inmigrantes, llevando en su principio el nombre del pueblo que la vio nacer, siendo su presidente el señor Federico Pablo Schroeder quien ocupó este cargo hasta el año de su fallecimiento (1933), tras lo cual, se decide que la institución lleve su nombre a modo de homenaje. A raíz de una serie de factores que a fines de la década del `60 golpeaban a dicha colonia, la biblioteca fue perdiendo en gran medida el protagonismo ya que los habitantes se trasladaban a distintos centros urbanos en busca de mejores condiciones de vida.
Por este motivo, quienes aún seguían en contacto con la misma, determinaron gestionar su traslado al ámbito de la Municipalidad de Cerrito para prolongar su existencia, concretándose tal instancia el 29 de febrero de 1980.
Hoy en día, este establecimiento cultural está compuesto por más de 8.100 volúmenes, entre los cuales se cuenta una sala de videoteca y hemeroteca. Se encuentra abierto desde las 7.30hs hasta las 18hs, brindando variadas posibilidades a los ciudadanos para retirar libros, ya sea material de estudio como así también novelas o cuentos. Además, todos los días se encuentran disponibles los diarios más importantes de la provincia. Pero, lamentablemente estas ventajas parecen no ser suficientes.
Al pasar un día por Plaza Las Colonias algo llamó mi atención, observar esa espaciosa biblioteca pública sin público. Desde entonces, fue prácticamente imposible no hacerme preguntas y preocuparme por esta situación como ciudadana ya que poco a poco se está convirtiendo en una especie de cotidianeidad que en todo el día o tal vez, en toda la semana los libros queden guardados bajo llave en formidables muebles de antaño, a la espera de alguien que reactive su magia y desempolve sus hojas.
Una mañana cálida de primavera, me acerqué para conversar con Melina Faria, que desde hace varios años se encuentra a cargo de la biblioteca y fue ella misma quien estuvo totalmente de acuerdo con mi inquietud. Al preguntarle si los niños y/o adolescentes acuden allí en busca de información para realizar tareas o trabajos escolares, su respuesta fue un rotundo y angustioso “NO”. “quienes más utilidad le dan al material de estudio son estudiantes del terciario ya que aquellos que todavía concurren a la escuela, buscan información de otros medios como internet, dado que a veces, son los mismos maestros y profesores los que les piden que indaguen allí”.
El hábito de leer – como casi todo hábito- se adquiere generalmente desde muy temprana edad, por lo tanto, Melina trata de fomentar la lectura desde su lugar, ofreciéndoles a los pequeños que están en la primaria, la posibilidad de que retiren gratis los libros de cuentos, con la única condición de que la primera vez asistan con un mayor, así ella les hace la ficha y explica el manejo de los libros para que los devuelvan en buenas condiciones.
A la salida del colegio, comenta Melina, “si bien son pocos, hay niños que se acercan a buscar algún librito”. Incluso, a partir de la jornada de lectura que se llevó a cabo el 15 de junio de 2011 para festejar el Día del Libro, las distintas escuelas visitaron la Biblioteca y allí leían diferentes cuentos. Melina les explicaba cómo eran antes las publicaciones, como son ahora y enseñaba también, los libros bilingües. Al finalizar la actividad, recibían de regalo una golosina con una frase y con este pequeño incentivo, los niños habían quedado maravillados.
En lo que respecta a novelas, un limitado número de gente mayor las retira para leer en su domicilio.
Motivada por la intriga de saber más sobre el estado de esta institución cultural, dialogué con un ex funcionario municipal que hasta hace poco, se desempeñó en su cargo y que fue partícipe de la reubicación de la antigua biblioteca al nuevo edificio.
Al consultarle por los inicios de la misma, sobre las repercusiones que tuvo en el pueblo su instalación y qué opinaba él respecto al funcionamiento en la actualidad, respondió que “tuvo repercusión y no fue tan simple, porque alguno de los asociados de General Paz no estaban tan convencidos de que había que traerla. Cuando se trasladó a Cerrito era muchísima la participación y la gente que retiraba libros, pero ahora si ha digitalizado todo. Es probable que se haya vuelto más una biblioteca municipal que una biblioteca en la cual el sostén esté a partir de los socios”.
Como si fuera poco contar con los datos anteriores para dar cuenta que hay una disminución considerable del uso de los libros respecto a años anteriores, en el apartado “Decretos y Resoluciones” de la página web de Cerrito, se encuentra la ordenanza Nº 798 de la Biblioteca Pública Municipal en la cual se lee que “esta obra ostenta el prestigio de haber sido la primera Biblioteca Popular de la Colonia Cerrito, evidenciando además un hito fundamental del quehacer cultural de varias generaciones que al amparo de este recurso literario pudieron acceder a la información o al esparcimiento, valiéndose de la lectura; obrando también como un facilitador en la Educación de los niños en edad escolar, por disponerse también de material bibliográfico, para esta franja etárea. Solo basta con observar algunos de sus balances anuales, consignando que en estos períodos se consultaban alrededor de dos mil libros, lo que revela la magnitud de la importancia, si se tiene en cuenta, que en esa época (año 1932 por ejemplo) toda la Colonia, incluido el campo de la Curtiembre, no superaba los tres mil habitantes”.
Alrededor de dos mil libros por año en aquel tiempo, mientras siendo el año 2014 y estando triplicada la población, la biblioteca cuenta con aproximadamente 20 socios que mensualmente pagan nueve pesos. Entonces, ochenta y dos años después ¿se llegará a consultar tantos libros por año?
Indudablemente, las bibliotecas públicas son importantes herramientas educativas y culturales que facilitan el acceso al mundo de los libros. Que Cerrito cuente con una biblioteca gracias a un grupo de inmigrantes, interesados por crear un espacio propicio para estimular la lectura y el saber y que en el año 2011 se la haya considerado patrimonio cultural, no es una cuestión menor.
Mobiliario con más de un siglo de vida, libros con la misma edad que a pesar del tiempo aún resisten, refugiados en el museo como admirables tesoros y una biblioteca pública que paulatinamente se va quedando atrás. ¿Qué pasará en un par de años si la biblioteca sigue con el mismo funcionamiento? ¿Qué les espera a las generaciones por venir? ¿Qué tiene que pasar para darnos cuenta de lo significativo que es disfrutar de una biblioteca activa?
Es cierto que internet es uno de los factores más fuertes que ha contribuido con el descenso de la utilización de la biblioteca, ya que ha facilitado el acceso a la información y a la digitalización de los libros, pero la existencia de este medio no justifica el dejar los brazos cruzados, ya que como se mencionó en línea anteriores, una simple actividad por el día del libro aportó para el fomento de la lectura, lo cual indica que revitalizar la Biblioteca Municipal Federico Schroeder no es una misión imposible.
Este escrito deja demostrado que hay más de 8.100 volúmenes que poco a poco van quedando en el olvido, acumulando polvo con el paso de los años, aguardando que algún ser se acuerde que ellos están a su disposición.
Personalmente, creo que quienes cuentan con las facultades para hacerlo deben revertir esta situación y promover nuevas actividades.
Estamos frente a un problema que no se trata de imponer gustos o intereses por la literatura, sino de reactivar y preservar una valiosa institución que fue heredada hace 110 años.

Por Jesica Regondi

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