Una frontera entre barrios marcada con sangre y fuego

Brujula
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En la zona este de Paraná hay enfrentamientos que han dejado heridos y muertos. Soldaditos, sicarios y silencio de vecinos, en un panorama que tiene a la droga en el fondo del problema.

La calle Gobernador Crespo, en la zona este de Paraná, se convirtió en una virtual frontera entre quienes se identifican como los del Muni y los del Lomas. De un lado están los barrios Municipal, Hijos de María y La Milagrosa; del otro, Lomas del Mirador (I y II), Paraná XX y Jauretche. De vez en cuando alguno cruza el límite en una moto, saca un arma y abre fuego. Las balas pueden impactar en una pared o perderse en la oscuridad, también dejar heridos o muertos.
La semana pasada, entre el miércoles 6 y el sábado 9 de noviembre, tres jóvenes fueron baleados. La paz duró muy poco luego del asesinato de Emanuel Vásquez, de 16 años, el 21 de agosto en el Lomas II (por el que están detenidos Muñequito Abasto y Gatito Olivera, del barrio Municipal). Primero hirieron a Cuchi Díaz, en el Jauretche (“nadie vio nada” y él no declaró quién le disparó); la respuesta no tardó en llegar: en el Municipal balearon a un menor apodado Cata, por lo que detuvieron a dos hermanos de apellido Podestá, del Lomas. Al día siguiente, Flavio Pagliaruzza, alias Paya, resultó baleado en la cintura en calle Quiroz del Lomas del Mirador II. La Policía detuvo el lunes siguiente a dos hermanos de apellido Berón en el Municipal; los procedimientos de la comisaría 12ª siguieron el martes con el secuestro de una moto robada en el Lomas II y la detención de un menor con un arma de fuego en La Milagrosa, identificado con los del Muni.
En calle Gobernador Crespo y avenida Churruarín comienza la zona caliente, aunque el paisaje no lo demuestra. Ayer al mediodía, por ejemplo, el movimiento era normal: gente de compras en los almacenes, venta de celulares en una esquina bajo un toldo, ruido de colectivos, de escapes de motos y de disparos de armas de fuego. Nada raro según vecinos que, consultados por el sonido de las estampidas, a esta altura se lo toman con gracia, tal vez para no llorar.
La bronca entre quienes se identifican con uno y otro sector parece solo una cuestión territorial. La pica entre barrios siempre existió, aunque lo nuevo es la forma en que se dirimen las diferencias. Haciendo memoria, algunos mencionan que el inicio de la violencia como medio de comunicación entre los dos sectores se dio hace un par de años, con el incendio de una precaria casa en el barrio Hijos de María, de la familia Guillerón. Según fuentes policiales, se acusó por este hecho a un vecinalista del Lomas del Mirador II, Francisco Pereyra, alias Pancho la vaca. Resultó que los Guillerón se juntaban con los del Municipal, quienes tienen como referente a Gustavo Barrientos, alias Petaco. Y se declaró la guerra. A estos nombres se les suma el apellido Catela, de una familia del barrio Jauretche, a la que pertenece el primero de los baleados la semana pasada.


Fondo blanco

Paralelo al recrudecimiento de la violencia, lo que creció en esta zona fue la droga, cada vez en mayores proporciones. Y por lo tanto el dinero que este fabuloso negocio permitió hacer crecer el nivel de organización de los narcotraficantes, así como invertir en el barrio y brindar protección para ganar consenso social. Así fueron apareciendo también los soldaditos, aquellos pibes cooptados por el vendedor como fuerza de choque para imponerse en el territorio. El método de los sicarios fue el denominador común de los últimos asesinatos y balaceras: dos arriba de una moto, uno conduce, otro dispara, ambos escapan. La vieja fórmula made in Colombia de Pablo Escobar Gaviria aplicada en miniatura en Paraná.
“Acá los chicos a los 12 o 13 años ya saben lo que es un arma”, dijo un vecino del Municipal. Los menores son los más buscados por los lugartenientes, por varias razones. Una de ellas es legal: si la Policía los agarra, a los pocos días o semanas ya están de vuelta al ruedo. Otra es cultural: el sentido de pertenencia al barrio y por lo tanto a la banda que lo defiende, que tiene sus retribuciones como buenas zapatillas, motos cero kilómetro y droga. “Por tirotear una casa, te doy una bochita; por balearlo a aquél, el arma y la moto”, resumió el vecino que los conoce. Por esto también las escuelas han sido un lugar de disputa: en la del Lomas del Mirador lo pueden contar, ya que allí asisten alumnos de todos los barrios en conflicto.
Ser soldadito tiene sus riesgos, como caer preso o recibir un balazo; y dejar de serlo también. Según se informó, a un pibe que se abrió de la banda del Muni le tirotearon la casa; a otro que reconoció esa pertenencia la madre logró sacarlo, y le reventaron una bomba molotov en el frente de la vivienda.
La droga también parece estar en el centro de los tiroteos de los últimos meses. Según contó a UNO un vecino del Lomas del Mirador, el odio se desató en abril de 2012, cuando secuestraron 16 kilos de cocaína en la casa de José Zapata, un pastor y predicador de la palabra de Dios, en el barrio Hijos de María. La droga habría sido de los del Municipal, quienes sospecharon que los del Lomas batieron el dato para que la Policía encontrara la droga. “Pero nada que ver, no fue así”, afirmó el vecino. Al pastor le secuestraron un arma que estaría relacionada con el homicidio de Joel Gómez, en 2010 en el mismo barrio, nunca esclarecido pero que se mencionó como un ajuste por deudas de venta de droga.
También se sospechó al principio que el doble homicidio del año pasado ocurrido en el playón de estacionamiento del barrio Paraná XX, de Matías Giménez y Maximiliano Godoy, estaría vinculado con el conflicto entre los grupos de uno y otro lado de calle
Gobernador Crespo, pero según trascendió, tendría relación con una disputa con el jefe narco del barrio Paraná XVI, en el oeste de la capital provincial.


“Muerte a la 12”

En las paredes del barrio Municipal, los soldaditos hablan: “Muerte a la 12. Los pibes del Muni”, escribieron en un paredón de la Plaza Los Trabajadores. “Pancho amigo de la yuta. LPM”, se lee en otra esquina. En la comisaría entienden que esto tiene que ver con la creciente presencia policial en la zona y la actuación ante cada hecho de violencia, que terminó con los acusados detenidos, incluso los mayores referentes. “Son grafitis de adolescentes rebeldes, puede ser normal, pero implícitamente es una amenaza”, afirmó el segundo jefe Benítez. “A pesar de las amenazas y lesionados en los procedimientos, el personal no baja los brazos, tiene toda la voluntad”, destacó el jefe, Edgar Valentín. Resultó elocuente el enfrentamiento que hubo el miércoles en el Municipal, entre vecinos y policías, cuando buscaban para detener a un pibe que robó en una heladería cercana. “Lo primero que hacen es mandarte los menores al frente. Sin embargo, no tenemos ni un funcionario denunciado por apremios ilegales, lo que destaca la profesionalidad del personal”, afirmaron.
En la dependencia policial afirman que los hechos delictivos fueron encarados de otra manera desde hace más de un año, con el fin de “atacar el problema de fondo”. A su vez, demuestran que en seis meses, en la jurisdicción se secuestraron más armas que en el resto de la ciudad. Pero ninguna de las armas ni droga incautada fueron halladas en los domicilios de los señalados como capos de la banda. Los jefes remarcaron también que reciben el apoyo en los procedimientos de la Dirección de Investigaciones y la Departamental de Policía, y a su vez que no se deniegan los allanamientos por parte de los Juzgados de Instrucción.
Lo que sí ofusca a la Policía es que la influencia que ejercen sobre los vecinos impide el total esclarecimiento de los hechos, al no prestar testimonios: “Esto convierte al grueso de los vecinos en cómplices de lo que pasa por el silencio. El vecino de bien nunca viene y dice nada”. En particular cuestionan la “falta de compromiso de los vecinalistas, tanto del Lomas como del Municipal, y la total ausencia de los padres para solucionar el problema de los menores”.

El mejor peor vecino

En la Policía destacan que los adultos de la banda del Municipal están todos en la Unidad Penal, pese a que los hechos delictivos continúan. Hay sospechas de quién los reemplaza, ya que el negocio debe continuar. La detención de Gustavo Barrientos hace un año por el doble crimen del Paraná XX, no fue bien recibida por muchos vecinos, ya que él era quien hacía respetar ciertos códigos. “Él cuida el barrio, acá no roban. Y si hay uno que roba, lo cagan a palos y te recupera las cosas”, dijo uno.
En calle Güiraldes algunos vecinos esquivan hablar de la violencia en la zona: “La situación está como ustedes saben, disculpá pero nosotros no nos queremos meter”, dijo una mujer detrás de la reja. “Yo, buenos días, buenas tardes y nada más”, aclaró un hombre.
Una vecina cuestionó que se estigmatice a los vecinos del Municipal y no ocultó su simpatía por Barrientos: “Cada cosa que pasa repercute acá, por cualquier tiroteo ensucian a la gente del Municipal. Y mirá cómo estoy yo, sentada en la vereda como todo el verano, y nunca me pasó nada en más de 30 años que vivo en este barrio. Gustavo es el mejor vecino que hemos tenido, desde que él no está hubo más baleados y muertos. Ojalá que vuelva, porque con él estaba todo mucho mejor. Es un muchacho que colabora mucho con los vecinos, ayuda a la gente pobre, el Día del Niño los chicos tienen los mejores juguetes. Hará su vida, tendrá sus cosas, pero ayudaba”.


Nada que no se pueda comprar

Una característica de las causas por los crímenes en esta zona de Paraná, es el cambio en las declaraciones de testigos. Pasó en el caso del homicidio de Emanuel Vásquez: el joven estaba con Jaime Pereyra (hijo de Pancho la vaca), quien también recibió un balazo, y con otro chico apodado Pitu. En una declaración, Pereyra dijo que vio a los acusados, y luego que no los pudo identificar. Por esto se le inició una causa por falso testimonio.
Pitu dijo a la Policía que fueron los del Muni, incluso fue quien entrevistado por UNO luego del crimen pidió justicia. Sin embargo, después declaró en la Justicia que no los vio. En esos días se paseó por el barrio con una moto nueva color roja, marca Guerrero Trip.
Ana, la madre de Emanuel, y su familia, solo esperan una condena para los acusados, aunque todavía sigue sin poder salir a la calle tranquila.


En 15 meses

* Desde julio de 2012 en jurisdicción de la comisaría 12ª se secuestró:
* 4 pistolas calibre 11.25.
* 4 pistolas calibre 9 mm.
* 1 pistola adaptada para 40.
* 4 revólveres calibre 32.
* 3 revólveres calibre 38 (con pedido de secuestro en Santa Fe).
* 1 carabina calibre 22.
* 1 revólver calibre.
* 2 tumberas 12.70.
* Más de 100 proyectiles.
* La mayoría de estas armas fueron utilizadas por menores de 17 años.
* 16 kilos de cocaína en calle Quiroz al final.
* 31 kilos de marihuana en barrio Hijos de María.
* 4 kilos de cocaína de máxima pureza en barrio Municipal.
* 7 kilos de marihuana en Municipal, Hijos de María y La Milagrosa.

Fuente: UNO.

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