“Yo viví otro tipo de guerra”

Brujula
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José Luis Luna, el 27 de marzo de 1982 partió hacia la guerra de Malvinas. Con 32 años de edad y 9 de servicio en las Fuerzas Armadas, vivió el conflicto desde otro ámbito.
Encargado del área comunicaciones de uno de los batallones, recibió los informes, mensajes y órdenes, “sin tener que disparar ningún tiro”. En una charla exclusiva con BRUJULA, cuenta su historia.luna

¿Cuándo debió partir hacia Malvinas?
Embarque el 27 de marzo de 1982 con el batallón de vehículos anfibios. Por pertenecer a un batallón especial antes de partir hicimos unas pruebas. Yo estaba en la sección de comunicaciones, de la Infantería Marina a la cual pertenezco hasta hoy como retirado.
Éste escuadrón tiene vehículos para tierra y agua. Navegamos del 27 hasta la madrugada del 2 de abril.
¿Cómo fue el 2 de abril en especial?
Característicamente, en la isla no hay sol, y por eso a los habitantes son muy blancos y hace mucho frió. Pero ese día, fue soleado.
Estuvimos todo el día instalando las estaciones de microondas, con al empresa ENTEL para que la gente tuviera comunicaciones con sociedad civil.
Desembarcamos en la madrugada a las 5hs de la madrugada en el Puerto Argentino y los vehículos salieron navegando del buque.
A las 6hs los comandos tomaron la casa del gobernador, y ahí empezó el combate con pocos soldados ingleses en la isla.
Todo el 2 de abril, se tomaron los rehenes: el pueblo, la pista de aterrizaje y el aeropuerto que era argentino. La misión era tomar la isla y entregársela al ejército.
¿Cuál fue su misión y hasta cuando permaneció en la isla?
Yo no estuve a los tiros, ni mate ingleses. No tiré ni un solo tiro, no era mi función.
No entré en combate porque mi función estaba en las comunicaciones. No había conscriptos, sino personal técnico en comunicaciones y electrónicos. Todo lo que tiene que ver con enlaces en isla y continente.
En total estuve un mes y 5 días, porque tenía parte del material en el continente. Cuando se tomó Malvinas, empezaron los vuelos y había prioridad de traerlos.
Más allá de su tarea, pudo ver la escena de guerra que se estaba viviendo?
Ví el desplazamiento de todas las tropas. Transmitimos los mensajes cursados vía enlace y de forma cotidiana en la isla. Todo se venia tranquilo hasta el hundimiento del crucero, que terminó con el desplazamiento de las tropas desde Inglaterra.
En ese momento empezó a actuar la sección inteligencia chilena que estaba compenetrada con los ingleses. Todo el movimiento de tropas argentinas como de Tierra del Fuego o el continente eran tomados por los radares de Chile que estaba en cercanías.
Muchos veteranos narran sus vivencias sufridas por la desprotección, falta de alimentos y vestimentas, ¿usted como vivió sus días?
El batallón 5 en el que estaba Silvio Franco, tenía asentamiento en Río Grande y estaba muy compenetrado a su función. Tenían preparación al frío. En cambio había otros como chicos de Corrientes que no tenían vestimenta ni adiestramiento.
El infante de marina se destacaba por tener buen trato. A ninguno le faltó comida, abrigo y el trato de lo, que viví, era medianamente normal. Por supuesto estábamos en guerra, pero cada uno tiene sus versiones. Estábamos preparados para la guerra porque las Fuerzas Armadas están para ello. Vos te adiestras y estudias para determinadas cosas.
La infantería marina manejaba mucha gente de distintos ámbitos y provincias, y uno se acostumbraba a ello.
Creo que los infantes fueron los que mejor actuaron en la isla, porque la gente estaba adiestrada de otra manera, con otra filosofía y vestimenta. Cada uno tiene su versión e historia. Algunos tenían frío, hambre, miedo y otros no. Mi experiencia con la gente que convivía fue distinta. Se cocinaba para todo el personal y durante el periodo a posteriori, después de mayo las cosas se pusieron más drásticas.
Ahí se restringieron cosas, no había tantos víveres porque no había forma de llevarlos. Otras fuerzas no se manejaron con las salvedades del caso y habrá faltado.
¿Cómo era la comunicación desde su área?
En los últimos tiempos los mensajes que se cursaban desde la isla, Río Grande y Malvinas, se emitían por otro lenguaje debido a que había interpretes. Por eso se transmitían en lunfardo, que era más difícil de detectar. Una persona se dedicó a traer el manual de lunfardo, luego fueron descifrados y buscamos otra manera. Cada uno tenía su forma de comunicarse.
Después de mayo, instalé en la isla dos estaciones de microondas para que la gente que estaba desparramada en la isla, pudiera comunicarse con el continente y la familia. De acuerdo al horario, hablaba cada batallón. Esa fue mi guerra.
¿Cómo cree que el país tomó la guerra de Malvinas?
El 2 de abril era festejo en todo el país. Después de la realidad política, se transformó en otra cosa. Pero me limito y no me corresponde analizarla y entrar en el tema. Mi función era obedecer, mandar o mandarse a mudar. Entre a una institución que sabia lo que era. Distinto el pensamiento de los conscriptos que estaban obligados. Yo sabía que en el algún momento podía pasar. En la carrera de uno pueden pasar esas cosas, buenas o malas. Al portar un uniforme ya sabe lo que puede pasar. Uno se prepara para la guerra. Es distinta la forma de ver de un conscripto que estaba obligado, que de uno que estudio y se preparo para el combate.
Es como en toda actividad, si te gusta te quedás, sino das un paso al costado.
¿Volvió a visitar las islas Malvinas?
No, nuca más. Mi misión fue ir a buscar los materiales y pegar la vuelta. Nadie ha vuelto, solo algunos familiares de soldados muertos en los ’90.
El año pasado había una posibilidad de ir a la zona de hundimiento del crucero, pero se rompió el rompe hielo.
No sé si me interesaría pegar la vuelta. Solo no, con la familia puede ser porque es algo mas para conocer, como cada lugar que vas y tiene sus cosas lindas.
Yo viví otro tipo de guerra. No estaba metido en un pozo entre balas. Si hubiese estado en otro batallón, me hubiese pasado de estar en pleno barro. Uno ve todo lo que pasa, va tomando contacto con la gente que estaba en el terreno.
Cada uno tiene su forma de haber visto la guerra. Algunos están traumados, psicológicamente mal. Por supuesto que había tiros, pero en personal tiene que estar preparado. Por ahí los conscriptos fueron los que mas sufrieron. Esa es mi experiencia, fue muy provechosa como experiencia personal y para mi carrera.
¿Considera que el gobierno tiene en cuenta a los veteranos de Malvinas?
Hoy la mayoría de los veteranos están bien. Se les está pagando una pensión en casi todas las provincias, se les brinda asistencia psicológica, excepto en Buenos Aires. Contamos con obra social de PAMI, hay un área específica para veteranos de guerra. Las propias fuerzas tienen hospitales para los veteranos. No fue tan inmediato, después del 14 de junio a muchos los ignoraron, todo vino a posteriori de los juicios de abandono de persona.
En la gran mayoría de las provincias, son muy queridos por la gente, nadie los discrimina. Otros que conozco están trabajando, incluso en el gobierno.
Pero el Estado fue el que más tardó en reconocer al veterano de guerra.
Entrevista publicada en la edición Nº 62 de Periódico BRUJULA

Fotografía: Hilda Aranda

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