Con la declaración de Molaro, comenzó el juicio por el crimen de Alexis Céparo

Brujula
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“Todo empezó cuando teníamos cuatros años e íbamos juntos al jardín donde Alexis me golpeaba”. Así fue como Adrián Molaro recordó los inicios de su relación con Céparo, en la primera audiencia pública por el caso que tanta conmoción produjo en la zona en los inicios del 2012. Este lunes el imputado prestó testimonio ante la Cámara del Crimen de Paraná durante más de una hora. Allí recordó el día del hecho y aseguró que no fue con la intención de matarlo, sino de dialogar. Además, durante la jornada dieron testimonio cinco personas, entre las cuales estaba la pareja de la víctima, Ana Laura Ruiz Moreno. El 21 de enero de 2012, Céparo recibió tres balazos. Se encontraba en la casa de su novia cuando fue atacado por su ex compañero de colegio con una Mágnum 44. Fue trasladado al Hospital San Martín, donde falleció tras agonizar cuatro días. Las audiencias se reanudarán este martes, a las 9. De Análisis Digital.

Luego de un año y medio del asesinato de Céparo, comenzó este lunes el debate oral y público que juzga a Molaro por homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, delito cuya autoría ya confesó. La audiencia se desarrolló con la Sala II de los tribunales entrerrianos colmada por familiares y amigos de la víctima, quienes además colgaron banderas en la puerta principal del Poder Judicial bajo el lema “Justicia por Alexis Céparo”.

Al inicio, la incertidumbre rondaba por saber si el acusado iba a declarar ante la Cámara del Crimen, quien finalmente decidió sólo responder preguntas de las partes. Antes de la declaración, la querella encabezada por Ladislado Uzin Olleros solicitó una reconstrucción de los hechos y la inspección del domicilio del imputado, pedido que fue rechazado por el tribunal integrado por Marcela Davite, Ricardo Bonazzola y Marcela Badano. Por su parte, la defensa llevada a cabo por Marciano Martínez pidió el anexo de un documento con firmas de algunos de los testigos de la víctima como prueba y, a pesar que los querellantes pidieron su rechazo por “no estar fechada”, los jueces dieron lugar al pedido.

Las respuestas de Molaro

El ingreso a la Sala II del imputado se desarrolló con total normalidad; sólo el sonar de las cámaras de la prensa gráfica ambientaban el comienzo del juicio. Como se mencionó antes, el acusado haciendo valer sus derechos, decidió sólo responder a preguntas eximiéndose de volver a relatar el hecho por sentirse inhabilitado anímicamente de hacerlo.

El fiscal Rafael Cotorruelo inició el cuestionario con una “pregunta abierta”, donde le pidió al acusado que se explayara sobre lo acontecido durante aquel fatídico día del crimen en enero del 2012. Kuki, como lo conocen en Cerrito al imputado, relató cómo fue su día antes de ir a la casa de la novia de la víctima y dispararle tres veces al cuerpo de Céparo.

“A la nochecita fui a misa, comí con mis viejos, levanté la mesa y de ahí salí a la casa de mi amigo Ocampo y justo pasamos por la casa de la mujer de Alexis”, indicó. Contó que sabía que Céparo estaba en la casa de su novia, porque el auto de la víctima, que se lo había vendido el hermano mayor del acusado, estaba en la puerta. Agregó que la noche anterior, en el polideportivo de la ciudad, Céparo había accedido al diálogo para solucionar los problemas acarreados entre ambas personas, pero no hubo avances en la relación.

El acusado sostuvo que bajó con un arma dentro del pantalón “por miedo”, ya que Céparo era más grande que él y siempre lo maltrataba. Sin embargo, afirmó que «no sabía si el arma estaba cargada». La pistola se encontraba en un “bolsito”, donde él guardaba las tres armas de caza que tenía, disciplina que el practicaba cotidianamente.

Al momento del crimen, Molaro lo describió de la siguiente manera: “Me acerqué a la puerta, golpee y grité: ¡Alexis! Me atendió un nene, que no conozco y él salió detrás diciéndome: ¿qué mierda te pasa?”. Señaló que en ese momento Céparo hizo un movimiento de golpe con el brazo izquierdo que fue donde le propinó el primer disparo. Luego, dijo no recordar más de la situación hasta que viajó a Asunción del Paraguay.

El móvil del acusado

Molaro denunció que lo sucedido la noche del 21 de enero del 2012 fue producto de agresiones sufridas por quien se convirtió en su víctima en aquella jornada. Indicó que “todo empezó cuando teníamos cuatro años e íbamos juntos al jardín, en el que Alexis me golpeaba”. Al ser consultado por qué nunca dijo nada expresó: «No lo conté porque no quería involucrar a nadie». Fue allí donde comenzaron los primeros murmullos por parte de la familia de Céparo, que, al grito de “asesino”, interrumpía cada tanto el relato del acusado.

Más adelante, apuntó que “una noche en el campo de un amigo” Céparo se desnudó y le “apoyó el pene por detrás” y que luego se lo hizo también a otro chico. En ese momento, lo que monopolizó la atención fue el silencio total que primó en la sala, mientras el acusado denunciaba el presunto acoso sucedido tiempo atrás, cuando los protagonistas de la causa tenían “aproximadamente 15 años”, según contó.

En la misma línea, destacó lo sucedido la noche anterior al crimen, en una jornada cultural que se desarrolló en el Polideportivo Municipal de Cerrito. Allí tuvo dos encuentros con la víctima. El primero fue cuando Céparo pasó por detrás y lo escupió. Después se encontraron en el estacionamiento del lugar y Céparo dijo: “¿Qué mierda haces acá?”. Fue allí donde Molaro sostuvo que tuvieron una charla y quedaron en juntarse a hablar para solucionar los problemas que venían acarreando. Así se fue a dormir la noche previa a cometer el crimen que el mismo reconoció en la etapa de instrucción.

Molaro demostró ser un conocedor de armas y reconoció ser un «buen disparador». Al respecto le dijo al fiscal que «desde los 21 tiene la tenencia de las armas» y que sabe «distinguir donde están los órganos vitales» porque es cazador.

Crónica de la fuga

Luego del asesinato, Molaro estuvo prófugo por más de dos semanas. En su declaración el contó, sin detenerse en muchos detalles, cómo fue su fuga. De la casa de la novia de Céparo y lugar del crimen, Kuki se fue en su Peugeot bordó hacia La Paz. El imputado dijo no recordar con detalles por “estar perdido por la situación” y que al momento contaba con “aproximadamente 1.200 pesos y el tanque de nafta semi lleno”. Recayó en las inmediaciones de la terminal de ómnibus y, mientras estaba “sentado frente a un taxista”, un policía lo interrogó si no habían observado a un prófugo que portaba armas de fuego. Molaro dijo que el policía les advirtió que abandonen el lugar porque “podía haber tiroteo”.

En ese momento, narró que, con su auto ya capturado, se escapó hacia las barrancas de la ciudad “por miedo a que me maten”. Pasó la noche en la barranca, “incluso metido en el agua”, cuando creyó haber visto a la Policía. Luego se subió a un taxi y le pidió que lo lleve hacia la salida de La Paz.

Prosiguió tranquilamente con la descripción de su raid. Cuando accedió a la ruta, logró viajar hacia la localidad correntina de Esquina gracias a un camionero que lo levantó mientras hacía dedo. Una vez en la provincia norteña, se trasladó hacia Asunción (Paraguay), haciendo los trámites correspondientes ante las autoridades fronterizas. Fue allí que aseguró “calmarse y perder el miedo”, lo que provocó su retorno al país, más precisamente a Mercedes, Corrientes.

Ante la necesidad de buscar trabajo, se dirigió a los Esteros del Iberá, donde trabajó en un “hotel lujoso” de ayudante de cocina y albañil durante dos semanas. En diálogo, de confusa descripción, con el cocinero del hotel, decidió escapar hacia la capital de Chaco, Resistencia, donde estuvo entre “cuatro o cinco días” y fue capturado en una pinturería donde estaba en búsqueda de trabajo.

Las declaraciones de los testigos

En la jornada cinco personas que estuvieron el día de la tragedia prestaron testimonio para reconstruir los hechos. Todos coincidieron en que Céparo era un joven conocido en Cerrito por jugar al fútbol y tener un programa de radio. Asimismo, indicaron que no conocían a Molaro, quien se mostró calmo y con los brazos cruzados mientras atestiguaron las personas.

El primero en declarar fue el médico Jorge Castro Cegarro, quien contó que el día del hecho se encontraba en su domicilio cuando escuchó unos gritos y salió a la calle: “Veo un hecho relacionado con disparos hacia la persona de Alexis, entonces voy hasta el domicilio que quedaba a dos cuadras y media e ingreso a la vivenda. Alexis estaba en un living-comedor tirado en el suelo y dos personas le estaban sosteniendo la cabeza”, relató.

Reseñó que cuando llegó la ambulancia empezaron junto a la enfermera a hacerle “las maniobras de contención porque había largado mucha sangre” y que lo subieron a la ambulancia para trasladarlo al Hospital San Martín.

Por pedido del fiscal Cotorruelo, precisó que el cuerpo de Alexis estaba a dos metros y medio de la puerta principal de la vivienda y afirmó que el tiempo que estuvo con él, estuvo “consciente”. Dijo que en el traslado de la ambulancia cruzaron algunas palabras y que Alexis le manifestó que “le dolía la herida” y que por eso le pusieron una inyección para que se le calmara. Asimismo, precisó que “nunca” le preguntó quien le había disparado, pero que sí otra persona que estaba en la ambulancia se la formuló: “Rolando Céparo le preguntó quién había sido el autor de los disparos y Alexis le contestó que fue Molaro”.

Confió que conocía a la víctima y a la familia Céparo hace 20 años, ya que vive en la casa de al lado. Señaló que Alexis era una persona “alegre, cordial, atenta y que siempre estaba sonriendo”. Por otro lado, dijo que no recordaba haberlo visto agrediendo a terceros”.

La segunda testigo se trató de la pareja de Alexis y la dueña de la vivienda donde la víctima recibió los disparos. La mujer contó que “hacía ya dos años que estaban de novios, que no convivían” pero que éste “pasaba mucho tiempo en su casa”.

Ruiz Moreno recordó que aquel 21 de enero de 2012 habían llegado a su casa cerca de las 21 porque antes llevaron a una de sus hijas a la casa de una prima. Recordó que se entró a bañar y que Alexis se había quedado en la mesa del comedor con la notebook y con uno de los nenes “mirando tele”. Manifestó que “de repente escuchó tiros” pero que no sabía lo que pasaba. “Cuando salgo veo que estaba Alexis con mi nene más grande y el más chiquito no estaba”, expresó.

Rememoró que luego de ver a su pareja en el piso se “asomó a la puerta” y comenzó a gritar. Enseguida “aparecieron dos vecinos” que se quedaron con Alexis mientras ella se iba a cambiar porque “estaba envuelta en una toalla”. Al igual que el médico, indicó que el cuerpo estaba a dos metro de la puerta principal y que estaba “consciente”.

Enunció que no recordaba si le preguntó quién le había disparado, pero afirmó que escuchó «cuando Alexis le dijo al oficial Ramón Peréz que Molaro, el hermano del que me vendió el auto”, le había disparado.

Ante la declaración de Molaro, que dijo que un niño fue quien le abrió la puerta cuando fue a buscar a Céparo, Cotorruelo le consultó si alguno de sus hijos estuvo en el momento de los hechos, a lo que Ruiz Moreno afirmó que el más chico fue el que presenció la tragedia. En ese sentido, refirió: “Después de que se va la ambulancia, un vecino me llevó hasta la casa de mis padres y en ese trayecto mi nene me contó que estuvo cuando Molaro le disparo”.

Precisó que el menor le dijo que esa anoche “tocaron la puerta y que al abrir le preguntaron por Alexis Céparo y después me dijo que vio que Molaro se levantó la remera y que tenía una pistola gris, pero pensó que era de juguete. Después me contó que «se quedó sordo por el disparo y que se fue corriendo”, manifestó. Asimismo dijo que el niño le negó que Alexis haya intentado agredir a Molaro tal como relató el imputado.

La voz se le quebró cuando le pidieron que recuerde cómo era Céparo y entre sollozos dijo: “Él era una buena persona, se saludaba con todo el mundo. Con los amigos era incondicional, era excelente. Nunca fue irrespetuoso, era educado. Creo que Molaro lo mató por envidia”.

La testigo recalcó que sus cuatro hijos tenían “buena relación” con Céparo y que después del hecho “quedaron afectados y tuvieron tratamiento psicológico”. De la misma manera, señaló que se fueron de esa casa porque los chicos “no quisieron volver”.

La mujer dijo que no conocía a Molaro, pero que sí sabía que Alexis le había comprado el auto que tenía a Alejandro Molaro, el hermano mayor del imputado. A raíz de eso recordó un inconveniente que vivieron con el vehículo. Expresó que en su momento «no le dio importancia», pero que luego lo relacionó con el asesinato. “Hacía un mes que Alexis tenía el auto. Viajamos a Crespo a un boliche donde tocaba una banda que nos gustaba. A la vuelta tuvimos un inconveniente con una rueda que hacía mucho ruido. Volvimos despacio y cuando llegamos a Cerrito me dejó en la casa de mi mamá. Al otro día cuando lo vi le pregunté qué había pasado y me dijo que la rueda estaba floja. Entre risas me contó que el papá le había dicho que a eso se lo habían hecho a propósito”.

Recordó que un día antes del asesinato, había estado con Alexis en el polideportivo que había mencionado Molaro en su declaración, pero que no recordaba que el imputado se le haya acercado para hablar: “Estuve todo el tiempo con él y no vi nada”, dijo.

El tercero testigo fue Hercidio Hernán Cortés, quien en ese momento cumplía funciones policiales en Cerrito. Contó que aquella noche, cerca de las 21.45 se encontraba en un móvil policial en la ruta 12, a 5 kilómetros de Cerrito, cuando escuchó una modulación vía radial solicitando al móvil, que quedó haciendo el recorrido de prevención en la ciudad, que se dirija a calle Moreno y Elías Camps ya que ahí había un hombre herido con arma de fuego.

“Como pude llegue a Cerrito y al llegar a la vivienda, la persona herida ya había sido trasladada al hospital de Paraná. Lo primero que hice fue intentar preservar el lugar y aislar los testigos”, contó, al tiempo que informó que el sargento Ramón Pérez fue el que le dijo quién había disparado a Céparo.

El jefe de la comisaría de Cerrito, Alfonso Maldonado, también compareció ante los jueces y recordó que cuando llegó al lugar de los hechos “vio gente conmocionada” y que el oficial Pérez le contó que “un testigo le dijo que vio un auto rojo salir del lugar y que lo único que recordaba eran los últimos números del dominio. Luego de eso emprendimos el operativo cerrojo”.

Contó que en el marco de los recorridos que se hicieron en la ciudad se logró determinar las letras que faltaban del dominio: “Pérez se encontró con el padre de Molaro quien le manifestó que estaba buscando a su hijo Adrián y les proporcionó las últimas letras del dominio. Ahí pudimos advertir que el vehículo buscado figuraba a nombre de Adrián Molaro”.

Para finalizar dio testimonio Ramón Pérez, el primer funcionario policial que tuvo contacto con Céparo. Señaló que a las 21.30 cuando le advirtieron del hecho se dirigió a la casa de Ana Laura Ruiz Moreno y allí vio a Céparo “acostado en el piso cubierto de sangre”. Indicó que le tomó la mano y que le preguntó qué le había pasado y que la víctima le dijo que había sido Kuki el que le había disparado. Expresó que después que le diga el apodo surgió el apellido Molaro.

Luego de que el tribunal diera por terminada la jornada, las emociones de los familiares y amigos volvieron a hacerse visibles. Ante la salida del imputado se escucharon gritos acusándolo de “asesino” y advirtiéndole que se iba a ir “al infierno”. También le proporcionaron insultos al abogado defensor. Fuente: Análisis digital

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