“Nos hemos olvidado de respetar y de preservar aquello que nos da vida”

Brujula
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Foto: Exequiel Furlán Rabbia

Así lo describe el Licenciado en Biodiversidad Exequiel Furlán, frente al descontrol de los incendios y la pérdida de la flora y fauna de nuestro Delta. En diálogo con PERIODICO BRUJULA, el profesional oriundo de Cerrito y que trabaja como becario doctoral del CONICET en el Laboratorio de Ecología de Enfermedades de la ciudad de Esperanza, nos narra las causas y consecuencias de este fenómeno voraz de nuestro ambiente regional.

El humo invade. El olor es intenso. Las llamas se vuelven monstruos frente a los animales, las vegetaciones y los cuerpos de bomberos que desde hace semanas, intentan aplacar el fuego. No son sólo islas. No son espacios libres como muchos dicen. Los humedales, integrados por infinitas islas, están habitados por innumerables especies propias de la región que conviven con el isleño, quién depende íntegramente de esta tierra.

¿Por que se efectúan incendios en islas? ¿Cuál es el beneficio y quienes los controlan?

Los deltas del río Paraná ocupan aproximadamente un territorio de 19000 km2, estas tierras ricas en sedimentos y materia orgánica, son muy apreciadas por los productores agropecuarios, ya sea para la cría de ganado o bien, para la producción de cereales. La verdad es que el proceso de pampeanización que se ha dado en nuestros montes entrerrianos, también se ha trasladado a los humedales del río Paraná y es allí, cuando “el productor”, necesita despejar el terreno de toda esa vegetación herbácea que cubre aproximadamente el 80% de los deltas. La vegetación que se quema puede rebrotar y ser el alimento del ganado (ej. novillos) o bien, ser remplazada por otro tipo de cultivo (ej. soja).

Los incendios entonces son realizados por personas (ej. productores) con el fin de poder explotar la tierra, proceso conocido y aceptado históricamente por la sociedad. Pero el problema está cuando a la quema, no controlada y débilmente regulada, se le agrega un contexto de bajante histórica del río Paraná y con una de las mayores sequías invernales. El terreno expuesto con materia orgánica descompuesta y seca, crea un inminente centro combustible que una vez encendido se propaga rápidamente a lo largo y ancho de todo nuestro delta.

Pero analicemos un poco más este contexto histórico para comprender un poco más el presente. En el año 2008 se produjo una de las mayores quemas históricas de la historia de nuestro país, se estima que aproximadamente un 16% de nuestros deltas se destruyeron producto de estos incendios “controlados”, el humo llega hasta Buenos Aires. En 2008/9 establece el “Plan integral estratégico para la conservación y el desarrollo sostenible de la región Delta del Paraná (PIECAS-DP), donde las provincias de Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe se suscriben a dicho plan y gestionan las respectivas reglamentaciones para su aplicación. Entre Ríos por su parte, decreta la ley (aún vigente) N°9868 que tiene varios artículos, pero uno de ellos establece la regulación de las quemas controladas. Entonces mediante el decreto 3186/09 establece las acciones y normas para el Manejo y la Prevención del Fuego en Áreas Rurales y Forestales, dentro de la jurisdicción de la Provincia de Entre Ríos, en este sentido, se permite realizar incendios en nuestro Delta con el debido permiso, este plan se aplicó en 2009-2010, punto final.

En el primer trimestre de 2020 se registran unos 3700 focos de calor, que son potenciales fuegos detectados con sensores de calor (datos extraídos de investigaciones de la UNSAM). ¿Qué pasó aquí? Esta es una pregunta que tiene posibles respuestas de políticas históricas, de sociedades no comprometidas en el ambiente, del sistema agroexportador que estamos sometidos y otras cosas que prefiero hablar más adelante. Dejo esta pregunta abierta para ustedes.

¿Qué son los «humedales » y que nos aportan al ambiente?

En términos generales, los humedales son ecosistemas que permanecen en condiciones de inundación o, por lo menos, con su sustrato saturado con agua durante considerables períodos de tiempo, por esto, nuestro Delta es un humedal. Estos brindan importantes beneficios como abastecimiento de agua, control de inundaciones, retienen contaminantes, mitigan el cambio climático, albergan una biodiversidad excepcional, son fuente de productos naturales para la alimentación y el abastecimiento del hombre, brindan grandes oportunidades para el turismo y la recreación y para el desarrollo de la educación y la investigación.

Yo creo que este punto queda claro cuando tenemos la oportunidad de pasar a la isla, de adentrarnos en la selva paranaense, cuando podemos ir a disfrutar de una buena pesca, unos mates, cuando sentimos a las aves cantando por todos lados, cuando nos cruzamos con un carpincho, un chajá y porque no, un yacaré. Eso es nuestro delta, ES VIDA y esto tiene que quedar en claro para todas/os las/os que lean esta nota, porque cuando las islas se queman, no solo emitimos toneladas de dióxido de carbono favoreciendo el cambio climático, sino que cometemos un ecocidio porque los daños en nuestra flora y fauna, son en muchos casos, irreparables.

Los daños que están sufriendo en estos incendios… ¿Cuánto tiempo necesitarán para reponerse? Que consecuencias tendremos de este desastre?

Hablar de tiempos en la naturaleza, en un contexto actual de cambio climático es complicado. El daño a la naturaleza podemos diferenciarlo en dos tiempos, presente y futuro. El primero es notorio y seguramente les habrá llegado alguna que otra fotografía a sus celulares. Se pierden hectáreas enteras de herbáceas, los animales pierden su comida, sus nidos, sus cuevas, algunos hasta pierden la vida, pues el fuego los atrapa y no hay corrida que los salve. Perdemos claramente nosotros, pierde el isleño que vive en la isla y de la isla, todos perdemos, el único que gana es el productor que, en el mejor de los casos, pudo sembrar o bien las pasturas rebrotaron para poner su ganado.

Pero cuando hablamos del futuro la situación no mejora y esto lo hemos visto y padecido una y otra vez. Los humedales pierden su capacidad de absorción de agua, ésta fluye desmedidamente erosionando nuestras tierras y deteriorando los suelos. Las quemas producidas en 2008 produjeron pérdida sustancial de carbono y nitrógeno, que con viento a favor vulgarmente hablando, se podrían recuperar en un lapso de 11 años (Datos de investigaciones de la UNSAM), entonces aquí también pierden los productores y dueños de los campos. Pero las pérdidas no son sólo ambientales, sino que afectan la vida del isleño y de la vida que él realiza en estos ambientes, recuerden, estas personas viven en la isla y de la isla. Se impacta sobre la pesca, la apicultura y las actividades turísticas en general, nadie quiere ir a un ambiente lleno de humo. ¡TODOS PERDEMOS!

¿Qué nos falta como sociedad para el cuidado consciente del ambiente?

Lo más lindo de los humanos es que siempre, pero siempre, nos reinventamos. No suelo ser esas personas pesimistas que piensan que la raza humana no debería existir más y que la naturaleza invada las ciudades, muy película del fin del mundo. Al contrario de eso, siempre apuesto a que podamos “re-inventarnos”. Quizás, nuestro principal problema sea habernos alejado tanto de la naturaleza, sentirla ajena, nos hemos olvidado de dónde venimos y quien nos da de comer. No digo que debamos volver a cazar con lanzas y a vivir sobre los árboles, sino que nos hemos olvidado de respetar y de preservar aquello que nos da vida. Repensar en cómo vivimos y nuestros hábitos de consumo es una herramienta necesaria para cambiar el modelo agro-exportador que estamos sumergidos, no pensemos en alternativas, adentrémonos a ellas. Los otros días justamente me puse muy contento cuando un conocido amigo agrónomo cerritence, me contaba que estaba apostando a generar un trigo sin agrotóxicos, me puse tan feliz con eso.

Como ciudadanos tenemos el derecho de exigir a nuestros gobernantes que se implementen las medidas necesarias o más bien, se reglamenten las leyes existentes, para que se resguarde la salud de nuestros humedales y, por consiguiente, nuestra salud. Apostemos a la ciencia y la tecnología como alternativas de un cambio y como generadoras de conocimiento. Pero otra cosa, que desde mi punto de vista es muchísimo más importante, es entender que nuestro rol de ciudadano pasivo alejado de la naturaleza tiene que terminar, nosotros, nuestros gurises y gurisasas tenemos que respetar la naturaleza, vincularnos con ella, sentirla nuestra, ser partícipes del cambio, reciclar, reducir, reutilizar, plantar un árbol, todas esas cosas que seguramente alguna vez escucharon. No piensen que estos problemas lo van a solucionar las generaciones venideras, sino que, en nosotros está la solución.

PERIODICO BRUJULA

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