Pedido a los medios: no hablen de Almará

Brujula

«No quiero parecerme a los funcionarios que piden que no se hable del tema en los medios ni al Inadi que brilló por su ausencia» escribió el periodista Carlos Matteoda, indignado por el reportaje de Almará a una menor.

almará

«Estamos muy sorprendidos por algo que sabíamos hace rato», tituló su columna de opinión el periodista Carlos Matteoda, en el Diario Uno de Paraná. Implícitamente, Matteoda denuncia que funcionarios han pedido a los medios de comunicación que silencien el escándalo protagonizado por el diputado provincial oficialista Rubén Almará, al entrevistar a una menor a la que agravió y discriminó.

Aquí, la columna de Matteoda:

El diputado provincial justicialista Rubén Almará consideró ayer que la polémica en torno a la conversación que mantuvo con una menor de 15 es “una opereta de prensa” para perjudicarlo. Así lo publicó el sitio web de la que es, o supo ser, su radio replicando una nota del sitio digital del prestigioso diario La Nación.

En el mismo tren de pensamiento, la semana que viene deberemos pedirle disculpas por haber dudado de su integridad y bohonomía.

Parece que todos entendimos mal, que el periodista y diputado preferido del peronismo no apretó a una jovencita de 15 para que explique a qué edad tuvo su debut sexual. Parece que entendimos mal y no la agredió tratándola como a una sexópata. Pareciera que no se regodeó intentando escandalizarla. Pareciera que no entendimos cuando dijo que a las chicas de su edad les gusta salir con tipos mayores -¿como él?- y que les gusta que les peguen, y que salen a bailar y se emborrachan o copulan con el primero que se les cruce.

Pese a que la penosa conversación, cargada de frases discriminatorias y de apología de la violencia de género, fue difundida por muchos medios de comunicación, ayer el diputado Almará sostuvo que no recordaba haber dicho esas cosas. Y también dijo, contradictoriamente con lo primero, que él representa un personaje en ese espacio radial.

A título personal, recomiendo a cualquiera que sea padre que imagine a su hija en la situación de la quinceañera entrevistada, y saque sus conclusiones.

Que resulta inaceptable que un diputado provincial realice este tipo de afirmaciones al aire, ya no se discute. Que bordea lo delictivo, tampoco. A nadie escapa que en Paraná ya se sabe cuál es el tipo de periodismo que desarrolla el hoy legislador oficialista, y a juzgar por la inserción que tiene, puede considerarse que una parte de la sociedad lo comparte. Sino, qué pensar cuando estas cosas suceden, con frecuencia, y nadie parece inmutarse.

Considero que en democracia es muy importante la libertad de expresión; pero también creo que cada uno debiera hacerse cargo de lo que dice.

Ahora bien, si al resto de los legisladores no les molesta, entonces que se hagan cargo de la cuota parte que les toca. Si el oficialismo decide protegerlo, también.

Ayer Almará desmintió las versiones que indicaban que sería expulsado de la Cámara, y tiene razón en eso. Cualquier intento ya fue controlado. No importa mucho si es por espíritu corporativo o para que el escándalo no salpique por acá cerca, pero los diputados parecen haber decidido asociarse con su colega.

La semana que viene, si Dios quiere, se trataría un proyecto de declaración pidiéndole disculpas. Lo de “si Dios quiere” se me ocurrió por la foto que publicamos hace dos semanas de Almará con el arzobispo Juan Alberto Puiggari, quien apoyó su precandidatura a intendente.

He leído en estas horas algunos análisis más o menos sesudos sobre el tema en las redes sociales, pero creo que no hay tanto para analizar.

Almará es él y sus circunstancias, lo que él hizo y lo que todos le toleraron. Cuántas veces trabajó para denostar a determinado dirigente mandado por otro, cuántas veces el oficialismo se favoreció de su desfachatez para decir cualquier cosa. ¿Alguno quiere revisar los discursos previos a la campaña de 2011 explicando los méritos que tenía para ir en la lista de candidatos a legisladores? Yo no tengo ganas, creo que por vergüenza ajena. Recuerdo que un día la diputada nacional Cristina Cremer le dijo al aire: “Necesitamos muchos más como usted, Rubén” y ahí terminé de entender. Creo que la frase de Cristina resume lo que muchos dirigentes políticos piensan en su fuero íntimo: se necesitan tipos que hagan lo que hace Almará.

¿Entonces, qué discutir? Que cada uno se haga cargo de lo que le toca. Si no lo afectó haber agraviado a Estela de Carlotto, que es una mujer poderosa, a quién le va a importar que trate como a una putita a una pobre nena que no tuvo mejor idea que llamar a la tarotista de su radio.

Coincido con Luz Alcain que ayer escribió en Facebook que no lo hace más importante, al menos para nosotros, que el caso llegue al programa de Jorge Lanata o a C5N. Si esto viene ocurriendo hace rato en Paraná y ya nadie se sorprende.

¿Y entonces por qué estas líneas? Muy simple, porque no quiero parecerme a los diputados que no dicen nada, ni parecerme a los funcionarios que piden que no se hable del tema en los medios, ni al Inadi que brilló por su ausencia; y porque, en el fondo, cuando escuché la bochornosa grabación de esa nota, se me ocurrió pensar qué habrán sentido los padres de esa nena.

Almará no recuerda lo que dijo. Igualmente ayer pidió disculpas por si alguien se sintió herido, porque parece que no sabe quién fue la víctima. Muchos políticos en privado me lo han nombrado como “el loco Almará” o han dicho que es “un inimputable”.

Ni es loco ni inimputable. Por lo primero, a las pruebas me remito. Construyó una empresa periodística exitosa, tiene fortuna y poder político. Extraña forma de ser loco, ¿no?

Tampoco es inimputable. Se siente impune, porque hay muchos que le tienen miedo. Que tienen pánico de que los mencione.

A quién le importa Antonella si es una piba como tantas, según se encargó de explicar el legislador. Es una turra que tiene relaciones con cuánto tipo se le cruza, sobre todo después de emborracharse. Una turra a la que le gusta que le peguen, y por eso los tipos que tienen calle, como el mismo legislador, seguramente le pegan. (Impresentable).

Pero bueno. Habrá que esperar que el presidente de la Cámara decida avanzar en alguna sanción, o el alguna declaración. O el jefe del bloque. Sentémonos entonces a esperar. Si es por ellos, Almará tendrá fueros hasta 2015, y tal vez por cuatro años más, porque el peronismo es así de generoso.

La única posibilidad de que alguien tome en cuenta lo ocurrido es que esta vez el barro del chiquero salpique un poquito más alto que de costumbre, y entonces haya alguna sanción del poder político (incluso como el engañapichanga que se armó tras lo de Carlotto); pero si esa sanción existiera -insisto, creo que no va a ocurrir- será porque Rubencito no calculó la salpicada, no porque a alguien le importe Antonella.

“Y mientras tanto qué comemos”, preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía.

—Dime, qué comemos.

El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:

—Mierda.

Como Antonella, como los gallinas, como todos los socios silenciosos de Almará.

(UNO)

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