Uso compulsivo de las tecnologías en adolescentes

Brujula
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En países latinoamericanos como la Argentina, la disponibilidad y atracción hacia las Tecnologías de la Información y la Comunicación -TIC- es tangible. Las adolescencias argentinas están a la cabeza en las estadísticas de riesgo.

“Los jóvenes entre quince y diecisiete años son la población que hace un uso más compulsivo de las TIC dado que cuatro de cada diecinueve están conectados a internet todo el tiempo”, afirmó Santiago Resett*, docente e investigador de la UNER.

Respecto a las dificultades que conlleva el uso excesivo de celulares y de computadoras en esta franja etaria, el especialista mencionó que “cuando la adicción se torna excesiva y patológica genera aislamiento social e interfiere en la vida diaria. Incluso esta adicción presenta características muy similares a las del consumo de sustancias tóxicas; fenómeno de tolerancia –necesidad de estar conectado cada vez más tiempo para obtener la gratificación necesaria–, incapacidad de controlar el uso y sentimiento de placer intenso al utilizarlas”. Asimismo, resaltó: “El problema es que mientras la adicción a las drogas –legales o ilegales– tiene un estigma social, el uso compulsivo de las tecnologías por lo general no es visto como una dificultad que requiera ayuda”.

Relevamiento

Argentina se encuentra a la cabeza de los índices de consumo de medios digitales en jóvenes. “Lamentablemente nuestro país –como en tantas otras problemáticas–, supera en cuatro horas el promedio mundial en el uso de internet y ocupa el primer puesto en Latinoamérica”, sostuvo Resett.

“Si bien el tema aún no fue investigado en profundidad, en nuestro medio –explica el doctor– un relevamiento encontró que un 6,6% de la muestra cumple todos los criterios de adicción y un 25% presenta conductas de riesgo hacia la tecnología en general. Los adolescentes de 13 a 16 años realizaban usos abusivos de las tecnologías y el celular era el más adictivo (21% con uso patológico)”.

Los niños y adolescentes representan la población de mayor riesgo. “Los jóvenes que tienen entre 15 y 17 años hacen un uso más compulsivo: cuatro de cada 10 están conectados a internet todo el tiempo”, relató el investigador. Asimismo, mencionó que “el despliegue de las TIC arrastra nuevos problemas, como los conocidos fenómenos disfuncionales del cyberbullying, el grooming o el sexting”.

El doctor afirmó además que el phubbing creció en los últimos años. Esta problemática –explicó– “se caracteriza por ser una conducta en la cual un individuo ignora a otro por estar utilizando una tecnología, como el celular o la tablet. Si bien es un fenómeno que se da en todas las personas es más frecuente en los adolescentes y jóvenes, aunque también se está incrementando en la gente adulta, la cual incluso pone en riesgo su vida –como en accidentes de tránsito– por el uso indiscriminado del celular”. Según Resett, el phubbing conlleva a un deterioro en la calidad de las relaciones con seres queridos, como progenitores y parejas, y al aumento de peleas o conflictos.

Efectos nocivos y medidas posibles a instrumentar

“Las consecuencias negativas de la adicción a las nuevas tecnologías en las personas resultan innumerables», señala el entrevistado. Por ejemplo, se puede dar una presencia de problemas físicos como trastornos de sueño, obesidad, diabetes, problemas cervicales, visuales, auditivos; o bien psicosociales, como aislamiento o mal humor.

En tal sentido, el uso recomendable de los dispositivos va entre una y dos horas diarias. Asimismo, para evitar una utilización problemática los adultos responsables pueden proponer acciones a las y los jóvenes, “como tomar un recreo de las TIC, apagar el celular a la hora de almorzar, en las reuniones sociales o de noche antes de ir a dormir”, sugirió Resett. También agregó que es recomendable “evitar que sus hijas e hijos tengan una computadora o consola de videojuegos en su cuarto, ya que estas impiden un buen descanso”. No comprarles tabletas o celulares antes de los doce años es otra de las medidas posibles –ya que a esa edad no hay una capacidad responsable para usarlos–, o bien, si se adquiere el dispositivo pueden usarlo con ellos.

“Programar otras actividades incompatibles con el uso de nuevas tecnologías, como salir a andar en bicicleta o practicar algún deporte”, puede resultar útil para sortear la problemática según el especialista. De la misma forma, “usar filtros de internet eficientes para proteger a menores de contenidos inapropiados, así como observar y hablarles ante cualquier cambio radical en su comportamiento, problemas de sueño o excesiva dependencia de las TIC, dado que son señales importantes de una adicción, y consultar a un profesional de la salud si se cree que la o el niño ya tiene una dependencia afianzada”, enumeró.

Asimismo, el profesional destacó que “no se trata de prohibir las tecnologías, sino de hacer un empleo responsable, transmitiendo a las juventudes cuáles son los riesgos de un uso compulsivo”. Finalmente, Resett se refirió a la “necesidad de generar políticas de Estado sobre el área, mediante un análisis de la problemática  que pueda derivar en acciones o en modalidades más saludables, socialmente hablando”.

*Santiago Resett: Licenciado en Ciencias de la Educación y Doctor en Psicología. Docente de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Investigador del CONICET.

UNER

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